
Incluso en el medio urbano es posible practicar Yoga en un parque o en la playa y, de todas formas, siempre estaremos expuestos a las condiciones climáticas, al ruido urbano o de las obras, lo que no es malo en sí, pero resulta complicado al momento de organizar una rutina en un día y hora determinados, en medio de otras actividades como el trabajo, el estudio, la familia, etc.
De existir la oportunidad de disfrutar de un entorno natural es importante aprovechar y practicar allí. De lo contrario, cualquier ambiente resulta ideal para nuestro sadhana, sobre todo si no tenemos opciones. Nunca debe alejarnos del Yoga la imposibilidad de crear un espacio ideal, pero, si conseguimos crear una rutina de práctica u organizar sesiones o clases es muy recomendable dedicar tiempo, amor y energía al ámbito en el que vamos a practicar.
En Occidente hemos adoptado el Yoga y lo practicamos habitual y regularmente como una actividad más. Y aunque no sea una disciplina más, de entre todas las que hay disponibles para realizar, sus formas fueron adaptándose a los tiempos modernos, segmentándose su práctica de manera tal que estuviese disponible para todos aquellos que quisieran practicarlo.
En este contexto los lugares en los que se practica Yoga se fueron instalando en medio de los centros urbanos y, desde la fundación de los primeros centros o ashram, la ambientación no es un tema menor, ya que crea el marco en el cual se puede desarrollar mejor la práctica.
El flujo de la energía o Prana
Práctica de Yoga al aire libre - J. B. Alberdi - Argentina
El Prana nos rodea, nos atraviesa y fluye. Los elementos presentes en un ambiente hacen que el comportamiento del Prana se modifique y nos afecte. Una fuente de energía como un motor eléctrico o un reflector de luz muy potente, elementos apilados o arrumbados en un rincón, luminarias colgantes a baja altura o muebles en medio de la sala, harán que el Prana se mueva de manera caótica, creando inquietud y distracciones en un nivel inconsciente.
Es importante tener en cuenta que en cualquier lugar destinado para dar yoga, más allá de las dimensiones que tenga, la energía debe ser limpia y clara, debe fluir sin ser interrumpida. Elementos como sillas y mesas, u otro tipo de muebles altos deben estar apartados al igual que luminarias o adornos colgantes que puedan distraernos de los movimientos naturales. Cuanto más diáfana la sala mejor.
El cuidado de los sentidos
El oído
Si bien en Yoga se practica la concentración, el lugar en el que practiquemos o armemos nuestra sala debe estar relativamente aislado o separado de grandes fuentes de ruido. Es muy difícil conseguir esto en los centros urbanos actuales, pero es algo importante a tener en cuenta ya que, sobre todo para el principiante, hay ciertos momentos de la práctica en que las estridencias sonoras pueden sobresaltarnos.
Como complemento del ambiente sonoro se han ido desarrollando estilos musicales, grabaciones de sonidos naturales, música creada acorde con lo que intentamos que sea un entorno favorable para desarrollar la concentración y la introspección. Kirtans o el canto natural del instructor o profesor de Yoga resultan ideales, al igual que la destreza en la ejecución de instrumentos sonoros que ayuden a crear una atmósfera sonora agradable.
El olfato
Como en todo ambiente en el que se comparte la práctica la presencia de los aromas crearán una conexión con determinadas sensaciones. Si bien la práctica nos conducirá a trascender los sentidos, éstos influirán fuertemente hasta tanto sepamos cómo eludir su poder.
Un buen ejemplo es el olor a comida. Es muy difícil que un grupo de practicantes se mantenga concentrado en la práctica si durante la misma invade la sala el aroma de la preparación de un plato de comida. Tanto peor se pondrá la cosa si reconocemos lo que olemos como algo apetecible y peor aún si estamos cerca de la hora de comer.
También ocurre, más de lo que podría creerse, que la falta de higiene de algunas personas influye en la concentración de las otras. No todo el mundo tiene por importantes ciertas pautas mínimas de higiene o, en las ciudades se da el caso, en ocasiones, de quien llega a clase de Yoga luego del trajín del trabajo cotidiano, algo desalineado o superado por el olor corporal.
Por ello y para crear ciertas conexiones sutiles, se utilizan los aromas como el incienso, sahumerios o aceites aromáticos naturales con diferentes fragancias que pueden conectarnos rápidamente con una sensación agradable que nos invite a sumergirnos en la práctica. Tal como lo explica la ciencia de la aromaterapia, además de crear un buen ambiente, con la elección de los aromas podremos evocar ciertas emociones o dimensiones energéticas en los presentes.
