
Durante algún tiempo se ha creído que el realizar actividad física en edades adultas podía ser perjudicial para la salud.
Hoy en día estudios avanzados demuestran que no es así como ya lo teníamos pensado.
Y se comprobó que el entrenamiento físico puede ser un buen método preventivo para cuidar la salud en toda persona.
ESTUDIO
Un estudio(2) realizado en Japón desarrollado con 4.222 hombres y 6.609 mujeres sugiere que la práctica de actividad física y desarrollo de fuerza siempre que no sea rigurosa está relacionada con una mayor longevidad frente a todas las causas de mortalidad.

La sarcopenia se atribuye a la interacción de múltiples factores, pero el primero en mediar es el envejecimiento.
Se ha establecido que la masa muscular se empieza a perder aproximadamente desde los 45 años a razón de 1,9 y 1,1 kilogramos por década, en hombres y mujeres respectivamente.
Dicha pérdida afecta más a los miembros inferiores y tiende a ser progresiva con la edad (Jansen, 2000).
ESTUDIO
Un estudio de Frontera et al. (2000), luego de 12 años de seguimiento a un grupo de hombres aparentemente sanos de 65,4 años, se encontró disminución de un 29% en la fuerza medida isocinéticamente y del 14,7% en el área de sección trasversal (CSA por sus siglas en inglés) de la musculatura de miembros inferiores, también un menor número de capilares por fibra.
Los efectos de la sarcopenia afectan todas las manifestaciones de la fuerza.
Principalmente en su componente concéntrico (Frontera et al., 2000; Deschenes, 2004; Cruz-Jentof et al., 2010).
Reflejándose principalmente en la disminución de la potencia, la velocidad de la marcha, el incremento en el riesgo de caídas y la reducción en la capacidad para desarrollar actividades de la vida diaria (AVD) (Deschenes, 2004; Raj et al., 2010; Cruz–Jentof et al., 2010).
Lo cual también tiene implicaciones en la funcionalidad de las personas mayores.
Especialmente para su calidad de vida al aumentar el riesgo de discapacidad y dependencia (Jansen et al., 2002; Cruz–Jentof et al., 2010).
Todo esto es factor de preocupación de los sistemas sanitarios de los países por el alto costo económico y social que se genera.
Otro concepto importante para la valoración de la función muscular, y relacionado con la sarcopenia, es el de calidad muscular.
Que establece la relación entre el músculo y la fuerza por unidad de masa muscular.
Esta relación se puede hacer con la fuerza máxima o la potencia y en términos de salud es útil para la valoración del riesgo de discapacidad.
Aunque todavía no hay consenso en un método estandarizado y puntos de corte que determinen ese riesgo (Barbat et al. 2012).

La perspectiva que ligaba la función muscular principalmente a la contracción y la producción de movimiento se ha ampliado recientemente para indagar por otras propiedades e implicaciones de este tejido en la homeostasis (Pedersen, 2011).
Sobre esto, en principio solo se reconocía el rol que el músculo ejercía en la regulación del metabolismo energético a través de la oxidación de la glucosa y los lípidos.
Sin embargo, estudios recientes han confluido en atribuir una función endocrina y paracrina al tejido muscular.
Por cuanto se ha encontrado que produce proteínas denominadas miokinas (Interleucinas 6, 8 y 15 entre muchas otras), cuya función es de tipo hormonal. (Febbraio y Pedersen, 2005; Pedersen y Febbraio, 2008).
La secreción de miokinas está ligada a la contracción muscular, por lo que el ejercicio es un factor potenciador de su producción.
Y estas, a su vez, también guardan relación con el sistema inmunitario.
Por cuanto regulan a las adipokinas (proteína estimuladora de acilación – ASP, TNFa, IL-6, Resistina) en procesos pro y antiinflamatorios (Petersen y Pedersen, 2005).
Se ha establecido que la inflamación crónica es responsable de problemas para la salud como la resistencia a la insulina, arterioesclerosis, neurodegeneración, formación de tumores y todo lo que esto conlleva (Pedersen et al., 2000; Brandt y Pedersen, 2010).
Y en cierto modo la acumulación excesiva de grasa visceral juega un papel importante.
Por cuanto desde allí se producen adipokinas proinflamatorias.
Por lo mismo, el ejercicio físico ejerce un efecto antiinflamatorio y otros específicos sobre la grasa visceral, atribuible en buena medida a la acción de las miokinas.
Estas trabajan localmente en el músculo y ejercen efectos sobre vías de señalización involucradas en la oxidación de las grasas y el consumo de la glucosa.
Además de la modulación de procesos inflamatorios antes mencionada (Febbraio y Pedersen, 2005; Petersen y Pedersen, 2005).
La IL-6 es una de las miokinas más estudiadas (Febbraio y Pedersen, 2005; Pedersen y Febbraio 2008).
Es producida tanto en el tejido muscular como graso y dependiendo del proceso metabólico.
Puede asumir funciones pro o antiinflamatorias. La isoforma secretada por el tejido muscular es antiinflamatoria, incluso estimula la producción de otras citokinas con función similar como las IL-1ra y la IL-10.
Además regula la inflamación aguda e inhibe los niveles circulantes de TNF-a contrarrestando la resistencia a la insulina (Brandt y Pedersen, 2010).
Varios estudios han comprobado su sensibilidad al ejercicio (Febbraio y Pedersen, 2005; Pedersen 2011).
También se ha dicho que otras interleukinas como la IL-8 y la IL- 15 son especialmente sensibles al entrenamiento de fuerza (Pedersen y Febbraio, 2008).
Además de las miokinas mencionadas, otras como el Factor Neurotrópico Derivado del Cerebro (BDNF), el Factor de Crecimiento Fibroblástico 21 (FGF-21) y la Visfatina, también cumplen funciones que favorecen la respuesta inmunitaria (Pedersen, 2011).
RESUMEN
El envejecimiento en sí mismo predispone a cierto estado de inflamación, y si se combina con el sedentarismo y la obesidad se aumentan las adipokinas proinflamatorias, lo que desencadena en muchos de los problemas de salud que afectan en esta etapa de la vida, como diabetes, arterioesclerosis, síndrome metabólico, cáncer entre otros (Pedersen, et al., 2000). De allí la importancia del rol que juega el ejercicio y, dentro de este, el que desempeña el tejido muscular como regulador endocrino e inmunitario (Febbraio y Pedersen, 2005; Pedersen, 2011).
Según los autores implicados en esta revisión manejan que las características se dividen en estos criterios:
La mayoría de los estudios muestran la necesidad de realizar los ejercicios de fuerza con una alta intensidad, con el fin de obtener mejoras sustanciales de la fuerza (Burton, el al., 2010, Frontera el al., 1988; Fiatarone et al., 1994; Roth et al., 2001).
El estudio clásico de Frontera (1988) muestra una mejoría de un 11% en la sección transversal del músculo, así como de un aumento de la fuerza (mayor 100%) tras un periodo de utilización de los ejercicios de fuerza de alta intensidad en adultos mayores.
Similares resultados se observan en adultos mayores de 90 años, con un mínimo de 10-12 semanas de entrenamiento (Burton et al., 2010; Brown el al., 1990).
Por otro lado, estudios como el de Vicents et al, (2002) no muestran grandes diferencias entre el trabajo llevado a cabo a alta o baja intensidad.
TIP
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Algunos estudios muestran como con una sola sesión semanal de entrenamiento de fuerza pueden mejorar la fuerza muscular (Taaffe et al., 1999).
Sin embargo, la mayoría de los trabajos de investigación sugieren realizar el entrenamiento con mayor frecuencia (Crhodrko-Zajko, et al., 2009).
Así por ejemplo, se ha demostrado que una frecuencia de 2-3 veces por semana mejora la velocidad de la marcha, el tiempo en sentarse y levantarse, así como subir escaleras y la fuerza muscular global (Liu et al., 2009).
TIP
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Con referencia al volumen de entrenamiento, Peterson et al. (2011) llevaron a cabo una meta-análisis que agrupó 49 estudios con un total de 1328 pacientes que mantenían un programa de acondicionamiento neuromuscular.
Los datos expuestos muestran la influencia directa del volumen sobre el incremento de masa muscular en personas de edad avanzada.
Aunque los autores no citan la relación dosis respuesta.
Sin embargo, ponen de manifiesto la gran influencia que el volumen ejerce sobre la respuesta trófica del sistema muscular de las personas de edad avanzada.
TIP
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Después de haber realizado toda la investigación llegamos a la conclusión de que es importante durante toda etapa de la vida realizar actividad física.
En especial entrenamiento de fuerza ya que con ello mejoramos y mantenemos nuestros niveles de fuerza y volumen muscular en etapas adultas.
Y por consiguiente podemos prevenir muchas enfermedades acompañado de buenos hábitos alimentarios.
Quiero hacer hincapié, que antes de realizar cualquier actividad primero haz un chequeo médico profesional para conocer tus niveles de base y luego de darte la orden poder acudir a un verdadero especialista específicamente un entrenador personal para que guie y supervise tu rutina constantemente.
¡Muchas gracias! por leer este articulo espero que haya sido útil para ti.
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