EQUILIBRIO EMOCIONAL
Las emociones tienen distintas energías y distintas intensidades.
En el equilibrio de ellas encontramos nuestra salud y en su desequilibrio la enfermedad.
Pongamos un ejemplo: La paciencia es una energía realmente poderosa, pero su lado negativo es caer en un quietismo paralizante, o en una sumisión, o en tolerar lo intolerable.
Sucede que como también la conocemos como una virtud, en el deseo de ejercerla como nos enseñaron y creemos que debe ser, terminamos actuando de forma perjudicial para nosotros mismos, que seremos los que vamos a tener que cargar con las consecuencias de este error, hasta darnos cuenta y corregirlo.
Prefiero hablar de equilibrio y no de control emocional para no provocar la confusión de creer que tenemos que esforzarnos por reprimir las emociones, lo cual sería desde todo punto de vista negativo. Provocaría una contracción y tensión física-emocional con consecuencias nefastas.
Si se está habituado a esta terminología (control) sacarle la connotación tensionante.
De lo contrario es preferible usa el término “manejo” de las emociones, esto hace referencia más a un saber actuar con ellas y no da tanto la sensación de contenerlas.
En síntesis, pensar siempre en el equilibrio aunque se usen otras terminologías. Con el objeto de no caer en el error de creer que equilibrar es tensionar conteniendo y controlando cómo expresamos las emociones que tenemos.
Claro que muchas veces contenemos y otras expresamos, eso en sí no está mal, siempre que tengamos en claro cuándo corresponde una o otra opción. Pero sucede que como producto de nuestra división interna, y el compartir la polaridad de la tercera dimensión donde nos encontramos, terminamos no pocas veces invirtiendo el signo y reprimiendo cuando queremos expresar y expresando cuando queremos reprimir.
Generalmente pensamos en no responder mal, no reaccionar fuertemente, no agredir, porque partimos de la base que lo que tenemos que manejar es lo negativo, evidentemente, pero esto nos lleva a la cuestión que planteaba al principio:
¿Conocemos las emociones que nos habitan?
De hecho, no podemos manejar lo que no conocemos.
En principio tenemos que reconocer y aceptar cuáles son nuestras emociones, y qué reacciones nos provocan con habitualidad.
Siempre tienen buena información para darnos.
Soltar, aflojar, dejar partir…
María Delcé
Talleres de Liberación Emocional
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