
La erisipela es una infección e inflamación de las capas profundas de la piel (dermis e hipodermis) causada por una bacteria específica: los estreptococos del grupo A. Esta infección bacteriana de la piel generalmente ocurre cuando la bacteria entra a través de una lesión previa como heridas, cortes, úlceras, llagas o cicatrices quirúrgicas.
El riesgo de desarrollar erisipela aumenta significativamente si tienes diabetes, consumo de tabaco o antecedentes de alcoholismo. Estos factores debilitan las defensas de tu piel frente a las infecciones bacterianas.
La erisipela se manifiesta con síntomas claros y visibles en la zona afectada. Los principales signos incluyen:
Aunque la erisipela aparece principalmente en las piernas, también puede afectar la cara o las extremidades superiores. La placa roja es el síntoma más visible y característico de esta infección de piel.

El tratamiento de la erisipela requiere un enfoque integral para eliminar la infección bacteriana y aliviar los síntomas.
Lo primero es lograr reposo completo durante varios días. Si la infección afecta las piernas, mantén la zona elevada el máximo tiempo posible para reducir la hinchazón y mejorar la circulación.
El médico prescribirá antibióticos específicos para eliminar los estreptococos. La penicilina G es el antibiótico más efectivo y utilizado para combatir esta infección bacteriana. Es fundamental completar todo el tratamiento prescrito, aunque mejores antes.
Identifica y trata correctamente la herida, úlcera o lesión por la que entró la bacteria. Una curación adecuada de esta lesión previene futuras infecciones de la piel y evita recaídas.
Ten paciencia: la placa roja puede tardar semanas en desaparecer completamente después de eliminar la infección bacteriana, aunque los síntomas agudos mejoren rápidamente con el tratamiento.
A pesar de un tratamiento efectivo, entre el 10-15% de los pacientes sufren erisipela de forma reiterada. Este problema es especialmente común en personas con condiciones crónicas de la piel.
El riesgo de recurrencia aumenta si padeces úlceras crónicas, linfedema u otras lesiones que mantienen la puerta abierta a futuras infecciones bacterianas. En estos casos, es crucial mantener una vigilancia constante sobre la piel y tratar rápidamente cualquier nueva lesión.
Si tienes antecedentes de erisipela, consulta regularmente con tu médico y no ignores los primeros signos de enrojecimiento o inflamación en tu piel.