El 6 de mayo es el día mundial de la espondilitis anquilosante este año (primer sábado después del 1 de mayo). Se trata de una enfermedad que, al contario de lo que suele creerse, comienza a aparecer, por lo común, en la adolescencia o en la juventud. Los primeros síntomas se notan antes de los 30 años; después de los 45 años solamente el 5 % de la población empieza a sufrirlos. La duración es de por vida. Desgraciadamente no tiene cura y afecta casi al doble de hombres que de mujeres. Pero veamos más detenidamente en qué consiste.
¿Qué es la espondilitis anquilosante?
La espondilitis anquilosante es una enfermedad que produce inflamación en las zonas vertebrales de la columna. Etimológicamente hablando, la expresión “espondilitis anquilosante” procede del griego “ankylos” (rigidez), que se asocia a las articulaciones, y “spondylo” (vértebra).
En realidad, es un tipo de artrosis que produce dolor, hinchazón, enrojecimiento y calor en toda o algunas zonas de la columna vertebral. En la mayoría de los casos es la zona sacro-ilíaca (área en la que la columna se une a la pélvis) la más afectada.
La espondilitis anquilosante cursa con inflamación y dolor en la zona sacro-ilíaca
Menos comunes:
Causas de la espondilitis anquilosante
En la actualidad no hay estudios concluyentes de la causa. Se investigan las hipótesis relacionadas con la herencia y con el medio ambiente. Con respecto a la herencia, existe un gen relacionado con cierto riesgo de sufrir la enfermedad; se trata del HLA-B27. Pero la aparición de este gen no significa que se vaya a padecer la espondilitis. Su frecuencia es 1 de cada 20 personas con dicho gen. También han aparecido investigaciones que relacionan a otros dos genes: el IL23R y el ERAP, los cuales parecen presentar cierto riesgo.
Tratamientos
Aunque la espondilitis anquilosante no se cura, sí hay ciertos tratamientos que ayudan a paliar los síntomas y a frenar la enfermedad. Las principales líneas de tratamientos están relacionadas con la medicación, la alimentación, el ejercicio físico e, incluso en algunos casos, la cirugía.
Los medicamentos que suelen prescribirse (por supuesto, no tomes ninguno sin habértelo recetado el médico) son:
En cuanto a la alimentación, no existen alimentos específicos que ayuden con respecto a la enfermedad. Se recomienda seguir una dieta saludable y no engordar. Si aumentas mucho de peso, las articulaciones se ven mucho más cargadas y esto puede perjudicarte y empeorar la enfermedad. Se recomienda consumir:
El ejercicio es un gran aliado de las personas afectadas de espondilitis anquilosante. Con un entrenamiento adecuado prescrito por rehabilitadores y fisioterapéutas, seguro que te vas a encontrar mucho mejor y te molestarán menos las rigideces. Ten cudado y no te lances a la gimnasia por tu cuenta. Los ejercicios han de realizarse cuidadosamente aumentando el grado de dificultad o potencia. Principalmente, se trata de ejercicios de estiramiento y fortalecimiento de los músculos. A la mayoría de las personas les ayuda mucho realizar los ejercicios en el agua, así que, ánimo y a la piscina este verano (siempre consultando al médico, por supuesto). También te recomendamos ponerte con contacto con alguna asociación de afectados de espondilitis anquilosante. A continuación te facilitamos un enlace muy interesante.
El ejercicio físico es un gran aliado para las personas que sufren de espondilitis anquilosante