
A veces oímos cosas en la tele, en la radio o a los amigos, y no nos las terminamos de creer, porque nos parecen demasiado increíbles.
Pues ayer me pasó una de esas a mí, y quiero contarla, porque aunque este blog esté dedicado a los celíacos, también somos personas y nos pasan cosas, y como sé que me leéis muchos de mi edad y muchas madres, pues me gustaría que tuvierais cuidado.
Llegué al autobús y se me salía el corazón. Afortunadamente llegó en ese momento, me subí y empecé a escribirle a mi madre. Os aseguro que me temblaban las manos tanto que no encontraba a mi madre en la lista de contactos.
¡¡Hasta que pude!!
Cuando llegué a casa por la tarde, llamamos a la Policía Municipal que vinieron rapidísimo. Eran cuatro, tres chicos y una chica, amabilísimos. Me dijeron que había hecho muy bien en decirlo, que había gente que no cuenta estas cosas porque le da vergüenza o por miedo y que tampoco pone denuncia y entonces así nunca se solucionan las cosas.
Y yo os quiero decir además, que hay que denunciar siempre, sea el delito que sea, aunque sea pequeño o diminuto, o aunque creáis que no tiene importancia, siempre, siempre, siempre hay que denunciar.
Es la única manera de conseguir que nunca más te vuelva a pasar lo mismo, y sobre todo, que nunca más le pase a nadie más.
Así que no os olvidéis, si os pasa lo mismo que a mí, o alguien os insulta, u os falta al respeto u os intentan chantajear, ¡a la policía! Ellos sabrán qué hacer con esta gente que disfruta haciendo daño a los demás.
Desde cualquier punto de España, cuando os pase algo, llamad al 112 y ellos os dirán u os localizarán la llamada.
Esperemos que esto no le pase nunca más nadie!
¡Seguimos leyéndonos!