Has comenzado a cuidarte y te estás preguntando si la fructosa es buena alternativa al azúcar.
De hecho, ya te has dado cuenta que venden fructosa en la parte de productos dietéticos del supermercado. Hmm... la fructosa es el azúcar de la fruta y es natural, ¡de seguro ha de ser más saludable! ¿O no?
¿Cuál es la realidad? ¿La fructosa es buena o es mala? ¿Hace engordar? ¿Qué es peor: fructosa o azúcar?
¿Por qué es mala la fructosa?
¿Qué ocurre cuando comemos fructosa?
¿La fructosa engorda?
Fructosa en los alimentos
¿Y qué pasa con la fructosa de la fruta?
Consumo diario recomendado de fructosa
5 consejos para mantener un bajo consumo de fructosa

Seguramente te estarás preguntando si, entonces, comer fruta no es saludable... Continúa leyendo que te lo diré un poco más abajo y, para que lo entiendas bien, necesito contarte un par de cosas antes.
¿Qué ocurre cuando comemos fructosa?
Los carbohidratos y azúcares en general se digieren transformándose en glucosa, que pasa a la sangre y estimula la secreción de insulina. La insulina hace que la glucosa entre al interior de las células para ser utilizada (músculos) o almacenada (grasa).
Pero con la fructosa es diferente. Ella va directamente al hígado, que es el órgano encargado de, entre otras cosas, procesar las toxinas en nuestro cuerpo (la planta procesadora de desechos, por así decirlo). Como no pasa a la sangre, la fructosa prácticamente no afecta los niveles de insulina y, en el hígado, se va transformando en triglicéridos.
¡Veámoslo con más detalle! #geekalert
¿La fructosa engorda?
La fructosa tiene un índice glucémico bajo y, además, es más dulce que el azúcar de mesa, por lo que se puede usar en menor cantidad y así disminuir las calorías consumidas.
"¡Bingo! Esto ha de ser buenísimo para adelgazar", dijo más de uno. Pero no.
Aunque se supone que cualquier cosa que comas en exceso te hará engordar, en realidad, el exceso de calorías no es lo único importante.
Por ejemplo, en estudios ya se ha visto que, incluso a igual número de calorías que la glucosa, la fructosa produce aumento de peso, disminución de la actividad física, y aumento de la grasa almacenadaFructose decreases physical activity and increases body fat without affecting hippocampal neurogenesis and learning relative to an isocaloric glucose diet. Scientific Reports, 2015; 5: 9589 DOI: 10.1038/srep09589>2.
Comparada con otros azúcares o carbohidratos, la fructosa tiene mayor tendencia a ser almacenada que a ser usada como fuente de energía. Esto sería bueno si necesitáramos guardar mucha energía, como por ejemplo para un ayuno larguísimo o si eres un ciclista que va a hacer el Tour de France.
Pero como tu ayuno más largo es el de la noche del viernes porque te levantas tarde los sábados, y el Tour de France lo ves cómodamente desde tu sofá, este almacenamiento de fructosa en el hígado es más que desfavorable: hace que comas de más, ya que la energía que viene de la fructosa no la vas a poder utilizar (porque tu cuerpo la va almacenar directamente y sin preguntar).
Fructosa en los alimentos
Ya debe estar claro que eso de usar fructosa como endulzante o sustituto del azúcar es muy mala idea. Pero ¿qué pasa con la fructosa contenida en los alimentos?

En el caso del azúcar común, o azúcar de mesa (ya sea de caña o de remolacha), su nombre químico es sacarosa y está compuesta por mitad fructosa y mitad glucosa.
Cuando la consumimos, la glucosa pasará a la sangre, estimulará la secreción de insulina y será utilizada por los músculos (si hay requerimiento de energía) o almacenada como grasa (si no lo hay), y la fructosa será tratada por el hígado como la toxina que es.
El jarabe de maíz alto en fructosa, también conocido como jarabe de glucosa-fructosa, es el endulzante industrial por excelencia en el mundo. Se extrae del maíz, es sumamente económico, y es el ingrediente principal de los refrescos y demás bebidas azucaradas. Para encontrarlo, lee la lista de ingredientes de los productos que compras, te sorprenderá descubrir que lo usan hasta en medicamentos y alimentos para bebés.
El efecto es similar al del azúcar de mesa, aunque un poco más dañino para la salud porque suele contener más fructosa que glucosa: entre un 60 y un 75%.

Seguramente ya has escuchado por ahí que los refrescos son malísimos. De hecho, las bebidas azucaradas son las causantes de más de 184.000 muertes al año en todo el mundo, entre diabetes, enfermedad cardiovascular y cáncerEstimated Global, Regional, and National Disease Burdens Related to Sugar-Sweetened Beverage Consumption in 2010. Circulation, June 2015 DOI: 10.1161/CIRCULATIONAHA.114.010636>4.
Pues bueno, la razón por la que los refrescos son tan venenosos no es el gas, ni el ácido fosfórico, ni los colorantes que llevan, sino el azúcar: principalmente fructosa. Todas las bebidas azucaradas contienen fructosa en forma líquida y son dañinas, incluyendo bebidas deportivas o energéticas, té frío azucarado, e incluso jugos o zumos de fruta natural.
Además de fructosa (usualmente en la forma de JMAF), estos alimentos procesados también contienen grandes cantidades de glucosa, lo cual produce desbalances terribles en nuestros niveles de insulina y nos hace tener antojos a las pocas horas de haberlos comido o bebido.
Lo peor es que esos mismos alimentos también son ricos en grasas trans venenosas, y con la insulina en pico por el alto contenido de azúcar (glucosa que pasa a la sangre) y el hígado ocupado tratando la fructosa que proviene de esa misma azúcar (las toxinas tienen prioridad) las grasas no podrán ser metabolizadas y se almacenarán irremediablemente en nuestra cintura, caderas, piernas, parte de baja de la espalda, o donde sea que a tu cuerpo le parezca.

Algunos endulzantes tienen un halo saludable y muchos creen que comerlos es mucho mejor que comer azúcar normal, pero no es cierto (lamento cortarte las alitas del corazón).
El azúcar morena, el azúcar moscabada o el azúcar de coco son son todas equivalentes a la sacarosa normal (azúcar de mesa o azúcar blanca). Por su parte, la miel de abejas es aproximadamente la mitad de fructosa (y el resto glucosa), y el jarabe o miel de agave es el peor de todos: entre 75 y 90% fructosa.
¿Y qué pasa con la fructosa de la fruta?
La fructosa de la fruta es la misma fructosa de los alimentos industriales. Químicamente, es la misma molécula. Por eso, una vez digerido el alimento, la fructosa será procesada por el hígado y producirá triglicéridos - independientemente del alimento del que haya provenido.

Sin embargo, hay tres puntos importantísimos que marcan la diferencia en la forma en que nuestro cuerpo se verá afectado por el consumo de fructosa:
Como con cualquier toxina, "la dosis hace el veneno". No es lo mismo para el cuerpo tratar 10 gramos de fructosa que 100. Tampoco es lo mismo tratar 10 gramos de fructosa al día, que tratarlos cada media hora durante una semana.
Ocurre más o menos parecido con el alcohol: si tomas poco, no pasa nada (o casi nada). Tu cuerpo se repone fácilmente. Pero, si tomas mucho, o si tomas muy seguido, empieza a haber problemas.
Siguiendo con el ejemplo del alcohol: no es lo mismo beber con el estómago vacío que cuando has comido algo. Dependiendo de las condiciones, tu cuerpo será más o menos capaz de gestionar el problema.
Para el hígado no es lo mismo procesar un montón de fructosa de golpe que hacerlo poco a poco. Imagina una avenida muy transitada, totalmente congestionada en hora pico, y con un flujo perfectamente normal en otros momentos.
Las frutas y las verduras tienen cantidades relativamente bajas de fructosa. Poquísimo comparado con la cantidad de fructosa que hay en una lata de refresco azucarado o en un pan dulce o un par de galletas de chocolate (industriales).

Además, las frutas y verduras tienen minerales, vitaminas y antioxidantes. Son todas sustancias que contribuyen a una mejor salud y podría decirse que "contrarrestan" en cierta medida los efectos dañinos de la fructosa y del exceso de azúcar.
¡No solo eso! Las frutas y verduras tienen también mucha fibra, que hace que se retarde la absorción de los nutrientes, para que la carga sea menor y el cuerpo pueda procesar los azúcares más eficientemente.
Los zumos de frutas, refrescos y otras bebidas con fructosa deberían evitarse pues su concentración en fructosa es demasiado alta y no tienen casi nada de sustancias beneficiosas que puedan contrarrestar el daño.

En el caso de los jugos o zumos de 100% fruta, incluso si no llevan azúcar añadido, la fructosa proveniente de la fruta se encuentra en forma líquida y la fibra está ausente o ha sido triturada, por lo que la absorción será muy rápida. Si a eso le sumas que para hacer un vaso de jugo o zumo necesitas varias porciones de fruta, con un inocente zumo estarás tomando el triple o cuádruple de fructosa que lo que comerías si se tratase de la fruta entera.
Por eso, los jugos o zumos de fruta, incluso hechos en casa y sin endulzar, entran en la misma categoría de los refrescos. La OMS ya los ha clasificado como bebidas azucaradas a evitar y aquí en Francia, donde vivo, se ha recomendado limitar su consumo a máximo un vaso por día, equiparado con los refrescos.
ALIMENTO
FRUCTOSA
1 vaso (250mL) de zumo de pera
18,5 g
1 vaso (250mL) de agua de coco
6 g
1 lata (350mL) de refresco
10,5 g
1/2 taza (100g) de muesli o granola
8,3 g
1 remolacha o betabel pequeña
2,1 g
1 manzana pequeña
8 g
1 naranja
1,5 g
1 banana madura
9,6 g
1/2 taza (100g) de duraznos deshidratados
12,5 g
10 dátiles (deshidratados)
33,4 g
1 cucharada (10g) de salsa barbacue
1,5 g
1 cucharada (10mL) de miel
5,8 g
Cualquier receta o preparación con azúcar
La mitad de la cantidad de azúcar
Y para terminar...
Descarga la Guía que te regalo a continuación, y luego cuéntame si ya sabías lo problemática que es la fructosa, o si te habías dejado engañar por las maravillas que dicen de ella en los productos dietéticos.
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