RESUMEN
La hematuria es un trastorno muy frecuente. En muchos pacientes, especialmente adultos jóvenes, la hematuria es transitoria y no tiene importancia. Sin embargo, su presencia se asocia a un riesgo evidente de patología nefrourológica, que puede ser grave especialmente en pacientes mayores de 35-40 años .
La hematuria puede ser visible (hematuria macroscópica) o detectable sólo en el examen de orina (hematuria microscópica). La hematuria microscópica se define como la presencia de tres o más eritrocitos por campo. Las tiras reactivas son tan sensible como el examen del sedimento de orina, pero dan lugar con frecuencia resultados falsos positivos. De manera que una tira positiva debe ser confirmada con un sedimento urinario para evitar la realización de otras pruebas.
EPIDEMIOLOGÍA
La hematuria microscópica es un hallazgo común en las consultas del médico de familia. La prevalencia de hematuria en la población general adulta, según las series publicadas, oscila entre el 1 y el 15%, variando según la metodología utilizada, el criterio diagnostico empleado y los grupos de edad estudiados.
ETIOLOGÍA
Una vez descartada la pseudohematuria (Tabla1), las causas de microhematuria son las mismas que las de la hematuria macroscópica, pudiendo estar relacionada con una amplia variedad de trastornos, en algunos casos con importantes implicaciones pronósticas y terapéuticas (Tabla 2).
Tabla 1.- Causas de pseudohematuria
DIAGNÓSTICO
Ante un paciente con hematuria macroscópica, o microhematuria confirmada en una segunda determinación, se debe proceder a realizar una historia clínica dirigida y las exploraciones complementarias oportunas.
Anamnesis
Descartar pseudohematuria. La anamnesis deberá dirigirse a confirmar una verdadera hematuria, descartando causas de pseudohematuria.
Antecedentes familiares. Se deberá indagar sobre los antecedentes familiares de poliquistosis renal, litiasis, hematuria familiar, anemia drepanocitica, sordera-síndrome de Alport.
Antecedentes personales. Se debe preguntar por antecedentes urológicos y ginecológicos, episodios similares previos, síntomas urinarios, ejercicio intenso, toma de fármacos, exantemas cutáneos, pérdida peso, fiebre, anticoagulación fuera de rango, traumatismos, litiasis urinaria, radioterapia pélvica, viaje o residencia en países africanos o de Oriente Próximo y posibles factores de riesgo de cáncer urológico (Tabla 3)
Tabla 3.- Factores de riesgo de cáncer urologico
Edad mayor de 35 años
Fumador o exfumador.
Exposición a benceno o aminas aromáticas.
Antecedentes de hematuria macroscopica.
Antecedentes de cistitis crónica y síntomas irritativos miccionales.
Antecedentes de irradiación pélvica
Antecedentes de exposición a la ciclofosfamida
Historia de un cuerpo extraño que mora crónica
Historial de abuso de analgésicos, que también se asocia con un aumento de la incidencia de carcinoma de riñón
Irradiación pelviana.
Antecedentes de utilización de interferon alfa, interferon beta, anfetaminas, cocaína, cisplastino, ergotamínicos, etc
Tabla 4.- Correspondencia de la tira reactiva con el sedimento
Tira reactiva
Sedimento urinario
-
<5 hematíes/campo
+
5-10 hematíes/campo (microhematuria)
++
10-25 hematíes/campo (microhematuria)
+++
25-50 hematíes/campo (microhematuria)
++++
>100 hematíes/campo (macrohematuria)
Proteinuria. La hematuria sola no suele conducir a un aumento significativo en la excreción de proteínas, por lo que se debe realizar una búsqueda sistemática de proteinuria y su cuantificación en una muestra de orina, -índice Pr(o)/Cr(o) normal < 0,2- o en orina de 24 horas -una proteinuria mayor de 300 mg sugiere un origen glomerular-.
Urocultivo. Se debe realizar junto con el sistemático de orina y sedimento para descartar infección urinaria.
Sangre: Hemograma y reactantes de fase aguda -proteína C reactiva y velocidad de sedimentación-; examen de frotis periférico y estudio de coagulación en casos seleccionados.
Bioquímica sanguínea. Urea, creatinina, aclaramiento de creatinina, ionograma, ácido úrico, etc.
Otras exploraciones de laboratorio: según la sospecha clínica podrá estar justificado la realización de serología de hepatitis y frotis faríngeo, estudio inmunológico -ANA, ENA, ANCA, C3,C4, inmunoglobulinas, etc.
Radiografía de abdomen. En la Rx de abdomen puede valorarse el tamaño de los riñones, borramiento de las líneas del psoas, siluetas renales deformadas, imágenes litiásicas en el trayecto urinario, neumoluminograma renoureteral, etc.
Radiografía de tórax posteroanterior y lateral. Debe realizarse si el paciente presenta disnea o hemoptisis -sospecha de síndrome reno-pulmonar o de Goodpasture-.
Urografía intravenosa. Esta técnica utilizada tradicionalmente en el estudio del riñón y vías urinarias ha sido relegada a un segundo plano por la ecografía y la tomografía axial computarizada (TAC) por las limitaciones que presenta para detectar litiasis y masas de tamaño pequeño.
Ecografía abdominal. Es el método más seguro, simple y económico para detectar masas renales, lesiones vesicales y patología vascular si se asocia estudio doppler; tiene una sensibilidad y especificidad para detectar masas de 2-3 cm en el parénquima renal de 82 y 91% respectivamente y puede diagnosticar con una seguridad de 85% lesiones quísticas de 0.5 cm. Sin embargo, posee la misma limitación que la pielografía para detecta lesiones sólidas inferiores a 2 cm lo que obliga a interpretar los resultados con cautela.
TAC. Es la prueba mas útil en traumatismos graves o evaluación de grandes masas, litiasis renal, lesiones renales y peri renales. La TC sin contraste es más sensible que la pielografía y la ecografía para detectar masas tumorales de pequeño tamaño (100% vs 65%), además, permite objetivar metástasis en otros órganos, así como afección de ganglios.
TAC urográfico (UroTAC). Combina los beneficios del TAC convencional con la posibilidad de inyectar contraste para explorar con precisión las superficies ureterales y pielocaliciales. La visualización de las diferentes fases de la eliminación del contraste proporciona una imagen global de todo el tracto urinario, ofreciendo además la posibilidad de detectar aneurismas de vasos que corren paralelos a las vías urinarias, abscesos renales y perirenales, y permite establecer las características de un tumor (sólido, quístico). Está indicado en todos los pacientes con hematuria inexplicable persistente -pacientes sin infección, hematuria glomerular, u otra fuente conocida de hematuria-, y en pacientes con hematuria transitoria que tienen factores de riesgo de malignidad. El inconveniente del UroTAC es la alta dosis de radiación a la que se expone al paciente y la necesidad de utilizar contraste. Finalmente, el TAC urográfico, a diferencia de la ecografía, no debe utilizarse para estudio de la hematuria en mujeres embarazadas.
Resonancia magnética (RM) urográfica. La RM urográfíca puede sustituir a la TC urográfíca en casos de hidronefrosis y alergia al contraste, embarazadas, o en niños. No está validada en vías no dilatadas, teniendo menos sensibilidad que la Uro-TAC para detectar lesiones uroteliales pequeñas y litiasis no obstructivas.
Citología de orina. Este método tiene una sensibilidad del 66-79% y una especificidad del 95-99% para detectar tumores de la vejiga, pero su mayor ventaja sobre la cistoscopía es que se trata de un método no invasivo. Detecta mejor los cánceres de vejiga de alto grado y carcinoma "in situ", y es insensible para la detección de cáncer de células renales. Se recomienda su realización en los pacientes que si tienen algún factor de riesgo de cáncer de vejiga.
Cistoscopia. La cistoscopia se debe realizar en todos los pacientes con hematuria macroscópica, a menos que presenten una infección del tracto urinario activa o claramente presenten una hematuria de origen glomerular e incluso en pacientes con hematuria de origen glomerular que presentan coágulos de sangre en la orina, ya que las lesiones glomerulares no producen coágulos de sangre. Asimismo, la cistoscopia se debe realizar en todos los pacientes mayores de 35 años con hematuria microscópica después de descartar causas benignas, como la infección urinaria, menstruación, ejercicio vigoroso, enfermedad glomerular, traumatismos, etc. La cistoscopia también se debe realizar en aquellos pacientes con hematuria microscópica que están en mayor riesgo de cáncer, independientemente de su edad.
Biopsia renal. Está indicada solo para pacientes en los que se confirma la hematuria de origen Glomerular -presencia de glóbulos rojos dismórficos y / o cilindros hematicos-, con alta sospecha de glomerulonefritis, y que presentan deterioro progresivo de la función renal tales como proteinuria, elevación de creatinina, o aparición de HTA.
En la figura 1 se muestra un algoritmo que resume los pasos en el diagnóstico del paciente con hematuria.

Figura 1.- Algoritmo diagnóstico de la hematuria
SEGUIMIENTO
En el 20-65% de los casos de hematuria, a pesar del estudio completo, no se encontrará una causa concreta del sangrado, y si el paciente no presenta síntomas no será necesario hacer más pruebas de evaluación inicial. Sin embargo, a estos pacientes se les debe hacer un seguimiento a los 6, 12, 24 y 36 meses; un pequeño porcentaje puede terminar desarrollando a los 3-4 años un cáncer del tracto urinario, y también una pequeña proporción pueden desarrollar insuficiencia renal por enfermedad glomerular. El seguimiento incluye control de la TA, análisis de orina, función renal, y citología de orina. La necesidad de repetir las pruebas de imagen y la cistoscopia dependen en gran medida de si la hematuria fue transitoria o persistente, y de la presencia de factores de riesgo de malignidad. En los pacientes que presenta hematuria sintomática, citología positiva o atípica, o síntomas urinarios irritativos sin infección, se debe repetir el estudio urológico. Si no ocurre nada de esto en tres años se abandona el seguimiento
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Argyropoulos A, Farmakis A, Doumas K, Lykourinas M. The presence of microscopic hematuria detected by urine dipstick test in the evaluation of patients with renal colic. Urol Res 2004; 32:294.
Brigden ML, Edgell D, McPherson M, et al. High incidence of significant urinary ascorbic acid concentrations in a west coast population--implications for routine urinalysis. Clin Chem 1992; 38:426.
Britton JP, Dowell AC, Whelan P. Dipstick haematuria and bladder cancer in men over 60: results of a community study. BMJ 1989; 299:1010.
Case records of the Massachusetts General Hospital. Weekly clinicopathological exercises. Case 33-1992. A 34-year-old woman with endometriosis and bilateral hydronephrosis. N Engl J Med 1992; 327:481.
Choi BC, Farmilo JA. Microscopic haematuria as a predictor of urological diseases among steel workers. J Soc Occup Med 1990; 40:47.
Cohen RA, Brown RS. Clinical practice. Microscopic hematuria. N Engl J Med 2003; 348:2330.
Cowan NC, Turney BW, Taylor NJ, et al. Multidetector computed tomography urography for diagnosing upper urinary tract urothelial tumour. BJU Int 2007; 99:1363.
Culclasure TF, Bray VJ, Hasbargen JA. The significance of hematuria in the anticoagulated patient. Arch Intern Med 1994; 154:649.
Diagnosis, evaluation, and follow-up of asymptomatic microhematuria (AMH) in adults: American Urological Association (AUA) Guideline. Disponible en: http://www.auanet.org/content/media/asymptomatic_microhematuria_guideline.pdf
Ezz el Din K, Koch WF, de Wildt MJ, et al. The predictive value of microscopic haematuria in patients with lower urinary tract symptoms and benign prostatic hyperplasia. Eur Urol 1996; 30:409.
Foley SJ, Soloman LZ, Wedderburn AW, et al. A prospective study of the natural history of hematuria associated with benign prostatic hyperplasia and the effect of finasteride. J Urol 2000; 163:496.
Froom P, Ribak J, Benbassat J. Significance of microhaematuria in young adults. Br Med J (Clin Res Ed) 1984; 288:20.
Gray Sears CL, Ward JF, Sears ST, et al. Prospective comparison of computerized tomography and excretory urography in the initial evaluation of asymptomatic microhematuria. J Urol 2002; 168:2457.
Grossfeld GD, Litwin MS, Wolf JS Jr, et al. Evaluation of asymptomatic microscopic hematuria in adults: the American Urological Association best practice policy--part II: patient evaluation, cytology, voided markers, imaging, cystoscopy, nephrology evaluation, and follow-up. Urology 2001; 57:604.
Grossfeld GD, Litwin MS, Wolf JS, et al. Evaluation of asymptomatic microscopic hematuria in adults: the American Urological Association best practice policy--part I: definition, detection, prevalence, and etiology. Urology 2001; 57:599.
Grossfeld GD, Wolf JS Jr, Litwan MS, et al. Asymptomatic microscopic hematuria in adults: summary of the AUA best practice policy recommendations. Am Fam Physician 2001; 63:1145.
Hall CL, Bradley R, Kerr A, et al. Clinical value of renal biopsy in patients with asymptomatic microscopic hematuria with and without low-grade proteinuria. Clin Nephrol 2004; 62:267.
Hiatt RA, Ordoñez JD. Dipstick urinalysis screening, asymptomatic microhematuria, and subsequent urological cancers in a population-based sample. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev 1994; 3:439.
Jamis-Dow CA, Choyke PL, Jennings SB, et al. Small (< or = 3-cm) renal masses: detection with CT versus US and pathologic correlation. Radiology 1996; 198:785.
Kabir A, Nadasdy T, Nadasdy G, Hebert LA. An unusual cause of gross hematuria and transient ARF in an SLE patient with warfarin coagulopathy. Am J Kidney Dis 2004; 43:757.
Kalra MK, Maher MM, Sahani DV, et al. Current status of multidetector computed tomography urography in imaging of the urinary tract. Curr Probl Diagn Radiol 2002; 31:210.
Khadra MH, Pickard RS, Charlton M, et al. A prospective analysis of 1,930 patients with hematuria to evaluate current diagnostic practice. J Urol 2000; 163:524.
Kluner C, Hein PA, Gralla O, et al. Does ultra-low-dose CT with a radiation dose equivalent to that of KUB suffice to detect renal and ureteral calculi? J Comput Assist Tomogr 2006; 30:44.
Köhler H, Wandel E, Brunck B. Acanthocyturia--a characteristic marker for glomerular bleeding. Kidney Int 1991; 40:115.
Leyendecker JR, Gianini JW. Magnetic resonance urography. Abdom Imaging 2009; 34:527.
Lokken RP, Sadow CA, Silverman SG. Diagnostic yield of CT urography in the evaluation of young adults with hematuria. AJR Am J Roentgenol 2012; 198:609.
Loo RK, Lieberman SF, Slezak JM, et al. Stratifying risk of urinary tract malignant tumors in patients with asymptomatic microscopic hematuria. Mayo Clin Proc 2013; 88:129.
Maher MM, Kalra MK, Rizzo S, et al. Multidetector CT urography in imaging of the urinary tract in patients with hematuria. Korean J Radiol 2004; 5:1.
Mariani AJ, Mariani MC, Macchioni C, et al. The significance of adult hematuria: 1,000 hematuria evaluations including a risk-benefit and cost-effectiveness analysis. J Urol 1989; 141:350.
Mazouz B, Almagor M. False-positive microhematuria in dipsticks urinalysis caused by the presence of semen in urine. Clin Biochem 2003; 36:229.
McGregor DO, Lynn KL, Bailey RR, et al. Clinical audit of the use of renal biopsy in the management of isolated microscopic hematuria. Clin Nephrol 1998; 49:345.<