Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha utilizado las plantas para fines medicinales. Una de las más afamadas es la Taraxacum officinale, también conocida en España como Achicoria amarga y, especialmente, como Diente de león.
Esta planta comestible es consumida de diferentes modos (cruda, cocida, en ensalada…), pero, sin duda, es en forma de infusión cuando sus extraordinarias propiedades digestivas, depurativas y diuréticas se hacen más potentes.

Perteneciente a la familia de las asteráceas, la Taraxacum officinale recibe su nombre de Diente de león por las formas curvas y agudas de sus hojas, similar a la que presentan las dentaduras de estos grandes depredadores.
La planta se caracteriza por una altura que no suele ser superior a los 35 centímetros, un rizoma corto y cónico, y unas hojas dentadas que terminan en unas flores amarillas. Todas sus partes son comestibles y pueden utilizarse en la preparación de infusiones.
Aunque el Diente de león es originario de Europa, en la actualidad crece por todo el mundo. Paradójicamente, esta planta tan apreciada por sus beneficios para la salud, no lo es tanto entre los jardineros, que la consideran maleza o mala hierba.
Pero más allá de la jardinería, el Diente de león es muy utilizado como componente de productos farmacéuticos y naturales. No es complicado encontrarlo en prados y caminos. También existen cultivos específicos de esta planta. Aún así, el modo más habitual de adquirirlo es en herbolarios y tiendas especializadas.

El Diente de león lleva siendo utilizado para fines medicinales desde tiempos remotos, aunque la primera vez que aparece documentado es en el siglo XI, en escritos del gran médico persa Avicena, quien hacía mención a las excepcionales propiedades diuréticas, depurativas y digestivas de la planta.
Ya a mediados del siglo XX, otro prestigioso médico, Henri Leclerc, amplió los beneficios de las infusiones de Diente de león a las funciones hepáticas, así como al tratamiento de diversos problemas dermatológicos, como los picores, las erupciones y los eccemas.
Actualmente, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) aconseja su uso para el tratamiento de trastornos digestivos y renales.
Las infusiones de Diente de león están especialmente recomendadas para cuatro vertientes de la salud: nutricional, digestiva, hepática y diurética.
El alto valor nutricional de esta planta medicinal viene dada por su alto contenido en vitaminas A, B, C, E y K, y minerales como el calcio, el hierro, el potasio, el magnesio y el silicio.
A nivel digestivo, su contenido en fibra estimula los jugos gástricos, favoreciendo la digestión; su ingesta es muy aconsejable para personas que sufren patologías como el síndrome de colon irritable o estreñimiento.
A nivel hepático, el Diente de león contribuye a la secreción de bilis, facilitando la absorción de las grasas y previniendo la aparición de cálculos biliares.
Por último, la Taraxacum officinale está considerada como uno de los mejores diuréticos del mundo, favoreciendo la producción de orina y evitando la aparición de cálculos en el riñón.

El Diente de león se puede tomar en modo de decocción o de infusión. La diferencia entre ambas es algo sutil y no todo el mundo lo conoce. La decocción es cuando la planta se echa en agua hirviente, mientras que la infusión se prepara con posterioridad al punto de ebullición, introduciendo la planta cuando el agua ya ha dejado de hervir.
La cantidad recomendada por la EMA es de 3 a 4 gramos de Diente de león en decocción y de 4 a 10 gramos en infusión. Se pueden tomar hasta 3 veces al día, aunque se recomienda que solo consuman estas bebidas personas mayores de 12 años.
El Diente de león es un elemento que no debe faltar en tu cocina. Cualquier momento es bueno para degustar esta extraordinaria planta medicinal, especialmente si padeces algún problema digestivo, hepático o renal. Sus efectos son tan rápidos que bien podrían definirse como milagrosos.