La intolerancia hereditaria a la fructosa, ¿qué es y cómo tratarla?
¡Buenos días! Antes de irnos de vacaciones de semana santa, queremos hablar de una patología considerada como enfermedad rara, la intolerancia hereditaria a la fructosa.
Como ya pudimos ver en el post sobre el síndrome de malabsorción de la fructosa, la de hoy es otra patología cuyo punto común es que la fructosa es la implicada.
¿Qué es la intolerancia hereditaria a la fructosa?
Es una enfermedad metabólica, ya que sucede un error en el metabolismo. En este caso se debe a la deficiencia de aldosa-B, una enzima necesaria para que se metabolice este azúcar y podamos obtener energía de él.
Por lo tanto, al existir un déficit enzimático, se acumula en el organismo fructosa-1-fosfato, que inhibe la glucogenolisis y la gluconeogénesis.
¿Qué síntomas produce?
Al acumularse gran cantidad de fructosa-1-fosfato, el organismo tendrá una hipoglucemia, deficiencia de energía y hasta puede afectar al cerebro, a los riñones y al hígado.
El niño nace sin problemas, ya que hasta el momento de parto es la madre quien se encarga de metabolizar la fructosa. Los primeros síntomas aparecen cuando el niño comienza a alimentarse con frutas, papillas azucaradas o verduras. Tras la ingesta, aparecen unos síntomas rápidos de intoxicación como nauseas, vómitos, letargia, deshidratación y disfunción hepática.
¿Cómo se trata?
Es un tratamiento sencillo a nivel dietético, se basa simplemente en evitar que se acumule la fructosa, eliminándola de la alimentación. La dieta de los niños se basará en la restricción de fructosa, es decir, de azúcar, fruta, miel, verduras y productos derivados de ellas. Pero ¿qué alimentos se permiten?