
Hay gente que confunde la prudencia con quedar bien y el dar la cara con la imprudencia. Muchas veces hemos escuchado esta recomendación: "conviene ser prudentes, callarse, no decir nada". Pero, ¿de verdad conviene practicar ese tipo de "prudencia"?
La prudencia se define como la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con cautela, respetando los sentimientos, la vida y las libertades de las demás personas, pero también es la cualidad de comunicarse con un lenguaje claro, cuidadoso y acertado; con sensatez, con moderación y reflexión.
Ser prudente no quiere decir que te calles todo, sino que obres con tacto para hacer el menor daño posible. Las cosas hay que decirlas porque son la única manera de cambiar, de mejorar o de corregir errores. Se hace un flaco favor con callar, con reír las gracias o con reservarnos la opinión, una opinión que puede fastidiar a unos pero reconocer o valorar a otros. Hay que ser honesto, sincero, responsable y valiente.
Dar la cara no va en contra de la prudencia siempre que se adopte el tono, la actitud adecuada y el tacto para decir lo que hay que decir, manteniendo la verdad aunque la misma pueda pasarte factura.
Dar la cara, siendo un "imprudente" y aceptando esa posible factura, es lo que se necesita para corregir, cambiar o mejorar todo aquello que no está bien y nadie se atreve a poner en entredicho por cobardía.
La excusa está en boca de muchos: "Es que lo mismo se ofende y después no me habla, es que lo mismo me despiden, es que lo mismo me mira mal, es que lo mismo deja de ayudarme, es que lo mismo..." O sea que su falsa prudencia es solo por interés propio. Esa prudencia ni aporta, ni mejora, ni cambia, ni construye nada; más bien confunde porque hace creer lo que no es y por lo tanto nunca ayuda a mejorar nada ni a nadie.
A ninguno nos gusta que nos llamen la atención o que nos quiten la razón pero, ¿cómo vamos a crecer o a entender aquello en lo que estamos equivocados si los que están cerca se callan por "prudentes" y miran para otro lado?
Nunca puede ser prudente actuar así simplemente por quedar bien. La prudencia mal entendida se convierte en imprudencia por tener miedo a dar la cara.
Nunca son buenas las medias tintas porque no aclaran nada. ¿Cómo vamos a crecer si por no ofendernos no nos dicen la verdad? Al pan, pan y al vino, vino. Las medias tintas no conducen a nada bueno. Es mejor poner los puntos sobre las íes. La verdad es como es, no se puede disfrazar, porque por querer ayudar a algunos y que no se alteren, se perjudica a otros ocultando su razón.
Lo que muchas veces parece políticamente correcto, no es lo correcto. No hay que decir solo lo que uno quiere escuchar, sino lo que debe escuchar y por lo tanto saber, dándose cuenta de sus errores siendo por tanto la única forma de estimular para cambiar.
Muchas gracias por estar aquí y compartirlo.
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