Las claves para la detección del TDAH
El TDAH es uno de los trastornos más sobrediagnosticados tanto con el dedo acusador de la calle como en algunos centros sanitarios. Si bien es un trastorno que tiene una comorbilidad de un 70%, es decir, aparece junto a otros trastornos (el trastorno negativista desafiante, dificultades del aprendizaje y otros problemas de conducta que dificultan su diagnóstico), lo primero es conocer qué es y qué implica el TDAH.
El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH/TDA) se trata de un trastorno del neurodesarrollo que se encuentra dentro de las denominados Dificultades Específicas del Aprendizaje (DEA). Este trastorno afecta a la atención y muestran dificultad en el control de impulsos e inquietud motriz con una intensidad y duración por encima de lo que corresponde a su edad, que no atiende a una razón médica, psíquica o social. Su detección es anterior a los 12 años. Desde la escuela primaria comienzan a aparecer los primeros síntomas, una vez que las tareas requieren mayor implicación, atención y concentración por parte del alumno.
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El trastorno por déficit de atención hiperactividad (TDAH)
El trastorno por déficit de atención sin hiperactividad (TDA)

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad suele coexistir con otros trastornos psicológicos como ansiedad, baja autoestima, sintomatología depresiva y en los casos más complejos, con trastornos del comportamiento perturbador como el trastorno oposicionista desafiante, trastorno de conducta o el trastorno disocial.
El tratamiento debe centrarse tanto en su contexto familiar y escolar, como en el trabajo individual con el paciente. En Psicólogos Málaga PsicoAbreu tras una evaluación adecuada para la detección y diágnostico del TDAH, comienza la fase de intervención a través de la terapia cognitivo-conductual, la cuál ha demostrado ser un tratamiento psicológico eficaz para el TDAH.
Esta terapia consta de tres partes:
Es posible que muchos de los síntomas que presenta el TDAH puedan confundirse con niños que se muestran nerviosos o inquietos, por lo que es habitual que a este tipo de niños se le etiquete como hiperactivos. Para ello, es importante diferenciar entre lo normal y lo patológico. Las capacidades de atención, autocontrol y de movimiento van evolucionando a lo largo del desarrollo, según vamos creciendo y madurando. Cuando los niños son pequeños estás capacidades aún no se han completado.
Por ello, es normal y evolutivo que a un niño le cueste prestar atención, dispongan de mucha energía que les haga saltar, correr y hacer muchas actividades a lo largo del día, que sean impacientes y que tengan poca tolerancia a la frustración. Estas capacidades se van adquiriendo con el paso de los años junto con el aprendizaje de conductas positivas. Cuando un niño tiene TDAH, se produce un desajuste entre su desarrollo madurativo y su edad, por eso muestran comportamientos propios de niños más pequeños.
Por otro lado, un menor que presenta TDAH es incapaz de controlar sus impulsos, focalizar su atención y reducir su actividad motora, a pesar de intentarlo, independientemente de cuál sea la tarea. Sin embargo, un niño inquieto o nervioso que no presenta TDAH muestra actitudes de desgana, están distraídos y tienen conductas perturbadoras cuando están aburridos o no les interesa la temática. Cuando dejan de estarlo y se les presentan actividades o tareas que les gustan o les motivan, muestran un rendimiento y comportamientos adecuados.