
Como decíamos en el primer post que publicamos dos semanas atrás, no solo los ojos son ‘el espejo del alma’, también la piel tiene la virtud de reflejar lo que sucede en nuestro interior, sacando a relucir de diversas formas aquellas emociones que por lo que sea, nos cuesta exteriorizar.
En este post vamos a ver por qué en caso de percibir algún cambio significativo en la piel debemos, no sólo tratar la zona afectada con productos indicados para ello como pueden ser cremas o lociones, sino además revisar qué está sucediendo en nuestro interior.
Es fundamental el autoanálisis para saber qué es lo que sientes y por qué lo sientes ya que únicamente así podrás conocer el verdadero origen o causa de esta alteración cutánea.

Es sabido por muchos especialistas que cuando estamos en el período embrionario, la piel en esta fase inicial, tiene una relación muy cercana al sistema nervioso. Muchas células que forman parte
del sistema nervioso se encuentran también en la piel, por eso la piel manifiesta lo que ocurre en nuestro sistema nervioso.
Todos hemos visto a alguien sonrojarse ante una situación vergonzosa o ante un enojo, o como la…
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Identifica cuáles pueden ser las causas del problema. Qué emociones te están afectando.
Con frecuencia los sentimientos de inseguridad, miedo y frustración, la baja autoestima, la timidez y la ansiedad, así como la tendencia al perfeccionismo, a la autoexigencia y a esperar demasiado de los demás, son algunos de los sentimientos que más comúnmente tienden a desencadenar en manifestaciones físicas como son las alteraciones de la piel.
Analízate, detecta el problema de raíz y actúa para solucionarlo. Conócete bien. Acepta la realidad y enfréntate a ella. Llora si tienes que llorar. Si algo te afecta, reconócelo. Evita sentimientos negativos. Concéntrate en las virtudes tuyas y de los demás.
No te amargues ni te apresures a sentirte ofendido ante lo que hacen o dicen los demás. Todos fallamos, somos imperfectos y seguro que no es tan grave. No ‘terribilices’ las cosas. Conversa
contigo mismo. Pregúntate: ¿Por qué estoy así?
La sociedad nos ha enseñado a retraer los sentimientos: No lloramos para no parecer débiles, no decimos ‘te quiero’ para no parecer ridículos y no reímos demasiado para no parecer tontos.

Para colmo, el ritmo vertiginoso del día a día no nos facilita el detenernos a observarnos. Si tomáramos más tiempo para observar nuestros sentimientos y nuestras emociones, nuestra vida mejoraría en gran manera.
Hay tratamientos naturales realmente efectivos que, si se llevan a cabo, pueden ayudar muchísimo, mejorando e incluso erradicando el problema.
Por supuesto, es fundamental cuidar la piel con productos suaves, naturales, sin ingredientes químicos que puedan empeorar los síntomas, así como también cuidar nuestra alimentación y horas de sueño.
Pero recuerda, si nada te ha dado resultado, la raíz del problema está en el interior. Tu piel lo que hace es exteriorizarlo por ti.
La semana que viene en el siguiente post hablaremos de cómo estos tratamientos o alternativas naturales nos pueden ayudar a equilibrar nuestras emociones.
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