
El cerebro y la médula espinal poseen una grandiosa plasticidad por lo que si hay un daño en cualquiera de las dos estructuras, hay posibilidades de que se pueda regenerar y recuperar, logrando grandiosos resultados de recuperación sensoriomotora a nivel anatomofisiológico gracias a la fisioterapia. Tras una lesión, la fisioterapia se encargará de prevenir las complicaciones respiratorias y circulatorias, además del cuidado de las zonas de presión, el mantenimiento del rango articular y el fortalecimiento de la musculatura total o parcialmente inervada. En este artículo podrán encontrar las distintas lesiones que pueden ocurrir en la médula, sus consecuencias y tratamiento fisioterapéutico.
Enfermedades y lesiones de la Médula espinal
La lesión medular es producto de alteraciones de etiología variable (congénito, traumático, infeccioso, tumoral o secundario a enfermedades sistémicas), que producen disfunciones motoras, sensitivas o autónomas, que a su vez trae consecuencias psicosociales tanto para la persona como para su familia, siendo así generadora de importantes procesos de discapacidad.
Paraplejía
La paraplejía se trata de una parálisis de ambos miembros inferiores que ocurre por debajo de los segmentos cervicales, cuya afectación de los segmentos dorsales, lumbares y sacros, dependen del nivel de lesión, afectando el tronco, extremidades inferiores y órganos pélvicos, respectivamente.
Clasificación de la paraplejía
Las lesiones medulares pueden ocurrir en cualquier nivel del raquis y estar acompañada de trastornos esfinterianos, sensitivos, motores parciales o completos, reflejos, genitales y tróficos.
Paraplejias progresivas: ocasionadas generalmente por un meningioma, tumor intramedular (ependimoma, astrocitoma), metástasis vertebral, absceso epidural, mal de Pott, angioma vertebral, poliomielitis, polirradiculoneuritis de Guillain-Barré, esclerosis en placas, mielitis post-infecciosa, polineuritis idiopática, esclerosis combinada, meningomielitis sifilítica.
Paraplejía aguda: inicia de forma repentina, se originan por un traumatismo lumbar (el más común), isquemia por trombosis de la arteria espinal anterior, ateromatosis de las arterias espinales de origen aórtico, aneurisma aórtico, hematomegalia (espontánea o traumática), hernia de disco extruida en el canal raquídeo que comprime la cola de caballo y por hematoma epidural raquídeo (postraumático o secundario a la ingestión de anticoagulantes)
En el niño pueden ocurrir paraplejía espástica hereditaria o paraplejía espasmódica familiar, traumatismo obstétrico y malformación congénita o mielomeningocele.
Según el tono muscular y reflejos:
El parapléjico que no se recupera pasa por tres fases:
Para identificar el nivel de la lesión medular usualmente se toma en cuenta el número de la primera metámera dañada donde existe un desfase anatómico justo entre esta metámera y la vértebra dañada. En otros casos, la paraplejía suele designarse en relación con la última metámera conservada. A continuación se explica los niveles de las lesiones medulares y las respectivas actividades que puede realizar el paciente.
Problemas médicos que pueden sobrevenir al parapléjico:
Tetraplejías (cuadriplejías)
Se trata de la parálisis de los cuatro miembros como resultado de una lesión a nivel de la médula cervical. Puede ser incompleta (menos severo) o completa (de recuperación improbable o limitada) que puede estar acompañada de trastornos neurodegenerativos graves. Los problemas respiratorios en las lesiones altas deben, a veces, tratarse al comienzo con asistencia respiratoria de emergencia. Existe una hiperreflexia exagerada en el sistema simpático a diversas estimulaciones como la hipertensión paroxística, cefaleas, congestión nasal, entre otros. La lesión se produce en los segmentos cervicales de la médula espinal (C1-C8). Este daño compromete a extremidades superiores, tronco, extremidades inferiores y órganos pélvicos. Si el compromiso es superior a C4, el individuo no puede respirar por sí mismo
Espina bífida
Es una anomalía congénita muy común, que consiste en el desarrollo anormal de las vértebras a nivel de las láminas y de la apófisis espinosa, por lo que varios arcos posteriores no quedan cerrados. La región lumbosacra es la más afectada, siguiéndole la región dorsolumbar y raramente la región dorsal y vertebral.
Las anomalías asociadas como las nerviosas, meníngeas, cutáneas y tumorales, dan a lugar a numerosas variedades, entre ellas:
a) Meningocele: posee una brecha ósea que afecta el arco posterior y la bolsa, bien epitelizada, contiene líquido cefalorraquídeo, en principio sin ningún elemento nervioso. En general, no aparecen trastornos nerviosos ni cutáneos.
b) Mielomeningocele: la brecha ósea es muy grande abarcando varias vértebras dejando pasar la bolsa con el líquido cefalorraquídeo y los elementos nerviosos (raíces raquídeas y un segmento de la médula espinal en un estado de desarrollo inconcluso). La hernia puede estar epidermizada o ulcerizada. Siempre está acompañada de trastornos neurológicos muy diversos, por su localización preferencial lumbosacra provoca trastornos de la inervación en miembros inferiores, urinaria y rectal. Muchas veces se observa hidrocefalia congénita o post-operatoria y alteraciones del desarrollo psicomotor. La corrección quirúrgica debe ser precoz, con la finalidad de cerrar las meninges (a menudo la duramadre) y recubrir la lesión con piel para evitar la necrosis de la hernia con la consecuente infección y meningitis.
Esclerosis en placas
Es una afección que se caracteriza por un proceso de desmielinización de la sustancia blanca del sistema nervioso central. Estas lesiones provocan trastornos psicomotrices, de la sensibilidad, visión, y de los esfínteres.
Los principales signos clínicos son:
La esclerosis en placas afecta principalmente al adulto joven, y su evolución es lenta dura entre 20 y 30 años, en algunos casos según la gravedad tiende a aparecer en cuestión de meses y varios años.
Se distinguen 4 estados de invalidez motora según (Claude Bru):
Estadio 1:
Estadio 2:
Estadio 3:
Estadio 4:
Enfermedad o Ataxia de Friedreich
Es el tipo más frecuente entre las heredodegeneraciones espinocerebelosas y aparece en la adolescencia. Es un proceso neurodegerativo predominante a nivel de la marcha y que afecta principalmente el haz espinocerebeloso, el cordón posterior y, a veces, la vía piramidal. Provoca el síndrome cerebeloso, síndrome radiculocordonal posterior y síndrome piramidal con deformaciones ortopédicas como la cifoescoliosis y pie cavo, también hay trastornos neuromotores como la sordera, temblores, degeneración retiniana, trastornos cardíacos, y evoluciona progresivamente hasta producir invalidez rápidamente.
Esclerosis lateral amiotrófica (enfermedad de Charcot)
Afecta al adulto desde los 50 años, en su mayoría sexo masculino, es una degeneración del sistema nervioso motor que se asocia a lesiones periféricas y piramidales. Ataca a menudo los nervios craneanos y el bulbo raquídeo, los daños ocurren de forma fragmentada. Hay exageración de reflejos tendinosos, puede hallarse parálisis espasmódica. El desenlace fatal puede durar de 2 a 4 años cuando mucho.
Siringomielia
Es una enfermedad del adulto, generalmente masculino, caracterizada por la presencia de una cavidad intramedular que va desde la médula cervical hasta la lumbar, el recorrido puede variar. Puede asociarse con hendiduras bulbares (siringobulbia) y también una malformación de Arnold-Chiari.la cavidad intramedular afecta la sustancia gris y comprime la sustancia blanca ocasionando paraplejía espástica, trastornos tróficos, anestesia.
Tabes o ataxia locomotriz
Esclerosis de los cordones posteriores de la médula, trae consigo ataxia, trastornos de la sensibilidad profunda, del trofismo, y psíquicos. Además, puede producir artropatías, dolores fulgurantes y necrosis ósea centrales asociadas a hiperostosis. Es de origen sifílico de evolución lenta, con parálisis de miembros inferiores.
Acropatía ulceromutilante (enfermedad de Thévenard)
Enfermedad familiar o esporádica, que comienza en la infancia y evoluciona muy lentamente, el cual se caracteriza por trastornos tróficos, sensitivos, ulceraciones de los tegumentos y osteólisis.
Complicaciones
Las personas que sufrieron una lesión medular generalmente presentan una gran probabilidad de sufrir complicaciones como el dolor crónico, problemas cardiopulmonares, entre otras, es por ello, que el fisioterapeuta debe enfocarse no solo en la lesión medular sino también debe abordar dichas complicaciones para lograr una grandiosa recuperación.
Fisioterapia en las lesiones musculares
El cerebro y la médula espinal poseen una gran plasticidad, que permite la posibilidad de regeneración y recuperación tras el daño de éstas. Sin embargo, mientras esto pasa, existen repercusiones físicas que hay que abordar en el área de rehabilitación. La médula espinal puede estar lesionada de forma difusa o localizada dando origen a una gran variedad de alteraciones que afectan principalmente la columna vertebral o las meninges. Debe apreciarse la magnitud de las alteraciones, ya que ciertos principios de manejo son aplicables a todos los pacientes con parálisis, mientras que su tratamiento puede variar de acuerdo a la enfermedad primaria.
La fase más inmediata tras la lesión, la prevención de complicaciones respiratorias y circulatorias y el cuidado de las zonas de presión. Juega un papel importante por lo que el fisioterapeuta deberá realizar una valoración objetiva inicial de las funciones, identificar los aspectos que presentan posibilidades de plantear problemas específicos y promover el tratamiento profiláctico. Será importante:
El tratamiento en PARAPLÉJICOS puede consistir en cuatro etapas:
1. Cuidados y reeducación del paciente en cama: el tratamiento va desde la 3era y 6ta semana, incluso durante la fase de shock espinal y antes de la consolidación de la lesión traumática.
a) En los cuidados generales se ha de tener mucha precaución cuando el paciente se instale, esto ha de confortable y se debe estar vigilantes con los puntos de fricción, de las actitudes viciosas y de las posibles complicaciones como lo son:
b) Para comenzar con la reeducación del paciente en cama, el fisioterapeuta debe realizar una evaluación neurológica, articular, muscular y respiratoria, esto permite detectar con mayor exactitud las deficiencias y complicaciones que puede tener el paciente en el momento. En esta etapa el fisioterapeuta debe:
2. Reeducación en posición sentada
En este caso, cuando el paciente ya ha ganado un poco más de confianza y habilidad para realizar los pasos anteriores, se puede proceder progresiva y cuidadosamente con la reeducación en sedente. A continuación se sigue con los cuidados de la primera etapa y además:
3. Reeducación para la marcha
Para iniciar esta etapa, se debe haber superado las instrucciones anteriores, además, se debe hacer una evaluación del paciente y verificar su capacidad para realizar la marcha. Además hay que explicarle el por qué y cómo se realiza la marcha, con la necesidad de realizar diariamente varias verticalizaciones, aunque no sean funcionales. La finalidad de esta etapa es la de evitar el avance o aparición de la osteoporosis, mejorar el tránsito intestinal, disminuir los riesgos de litiasis vesical y renal, lograr mayor independencia. La reeducación se efectuará progresivamente en las barras paralelas. El tipo de marcha utilizado y la elección de los aparatos dependen del nivel de la lesión:
El fisioterapeuta debe concentrarse en fortalecer la musculatura, sobretodo de los miembros superiores, del tronco en bipedestación, elevadores de la hemipelvis en contrarresistencia para la marcha en cuatro tiempos. En caso de abandonar la marcha, se requiere que el paciente haga varias verticalizaciones al día, con un aparato que permita soportar la carga del peso corporal sin ortesis, solo se ayudará con los brazos.
4. Luego del alta el fisioterapeuta debe:
5. Se pueden realizar distintas técnicas:
En las personas TETRAPLÉJICAS, la fisioterapia es muy parecida a la de los parapléjicos. No obstante, deben señalarse ciertos detalles importantes:
La fisioterapia en la ESPINA BÍFIDA depende del grado de extensión y nivel de lesión. Sus objetivos principales son: trabajar en los problemas esfinterianos, ortopédicos y motriz. Desde el punto de vista motriz es importante que la internalización hospitalaria sea muy breve, y la colaboración del padre debe ser muy estrecha ya que es la mejor garantía para que el niño tenga un desarrollo normal.
a) Desde el primer año de vida hasta los 3 años de edad, el niño logra estar en sedente, en el caso de la mielomeningocele hidrocefalia, hay que estar atentos a la presión intracraneal, la tensión de las fontanelas, la aparición de hipertonía, la pérdida de reactividad y a la cicatriz lumbosacra o dorsolumbar. Hay que evitar hacer llorar al niño, que no se apoye sobre la espalda y si es necesario apoyarlo sobre una almohada de gomaespuma para mantenerlo en posición vertical. Luchar contra la aparición o existencia de deformidades en la cadera, rodillas y pies mediante:
b) De la posición sedente a la bipedestación: es una etapa que va desde 12 a 18 meses, donde se prepara progresivamente al niño para la verticalización mediante ortesis que permiten mantenerse de pie. El fisioterapeuta debe realizarle al niño: gimnasia para fortalecer los músculos no afectados, educar los esfínteres, continuar con los trabajos de los primeros años referentes a las deformaciones y estimulación motriz, utilizar las técnicas de reeducación tipo Kabat-Bobath y eventualmente usar la electroterapia de estimulación.
c) Deambulación: desde los 18 a los 24 meses: se debe enseñar a deambular con aparatos según el nivel de la lesión y el riesgo de deformación ortopédica, la vigilancia cutánea es crucial y seguimos con el tratamiento anterior.
d) Mejorar la autonomía: desde 24 a 36 meses, además de mejorar la deambulación, se debe mejorar el equilibrio y la independencia mediante terapia lúdica y ejercicios diversos. Durante este periodo, los cuidados del fisioterapeuta tienen que adaptarse a las correcciones eventuales que se realicen por medio de la cirugía y también de las deformaciones detectadas en el niño.
e) A partir de los 4 años: el tratamiento fue intensivo durante los tres primeros años y eso otorgará al niño con espina bífida una autonomía aceptable, ya a esas alturas deberían poder caminar. El tratamiento fisioterapéutico continuará regularmente con el mismo criterio anterior y dependerá de los déficits que aun puedan poseer. A la edad de 5-6 años debe realizarse una intensa educación psicomotriz con estrecha relación al esquema corporal correctamente integrado.
La fisioterapia en pacientes con ESCLEROSIS EN PLACAS dependerá del estadio en la que se encuentre, y su objetivo es tratar las secuelas de esta enfermedad para restaurar y mantener durante el mayor tiempo posible la autonomía funcional, por lo que el tratamiento fisioterapéutico consistirá en:
Conclusión
La parálisis y la pérdida sensitiva, además de las secuelas cardiopulmonares, metabólicas no está aislada de las repercusiones a nivel psicológico, he aquí donde el fisioterapeuta y los familiares juegan un papel importante en los efectos positivos que pueden ejercer en el paciente. Es por ello, que la comunicación, experiencia, empatía y coordinación entre los entes y personas involucradas permitirán un gran avance en su recuperación, logrando mayor independencia y autoconfianza en las tareas de su día a día.
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