
El lipedema es una patología que suele afectar principalmente a las mujeres y que se caracteriza por la presencia de acúmulos de grasa en las piernas y algunas veces, en los brazos. Es una patología crónica y de avance progresivo, la cual produce un aumento de volumen desproporcionado entre los miembros inferiores y el resto del cuerpo, lo que suele confundirse muchas veces con la obesidad pero nada más alejado de la realidad, ya que el lipedema no cede con ejercicios ni con un cambio en la alimentación y se relaciona más a problemas hormonales y de permeabilidad intestinal.
El lipedema suele pasar muchas veces desapercibido por un mal diagnóstico, producto del desconocimiento sobre esta enfermedad y sobre la poca información que se tiene sobre ella, además de que muchas personas ni sospechan que pueden sufrir de este problema, por eso, en este artículo vamos a dar a conocer qué es el lipedema, por qué se produce, como se puede prevenir, cómo se diagnostica y cuál es su tratamiento.
Como mencionamos antes, el lipedema afecta a las células de grasa de las piernas, provocando que las mismas crezcan de manera acelerada y sin control, lo que produce una acumulación que se ve y se siente dura y dolorosa al tacto (principalmente en estadíos más avanzados). En ese sentido, el lipedema afecta al tejido graso subcutáneo, es decir que se produce un engrosamiento de la piel y un aumento de presión intersticial, lo que provoca un aumento de volumen y alteraciones a nivel linfático y vascular que, a su vez, produce el edema crónico, la sensación de pesadez y sensibilidad al tacto.
Es una patología casi propia de la población femenina, afectando entre el 4 y 17% de las mujeres a partir de la pubertad, sin embargo, por la poca diferenciación del lipedema con otras condiciones y/o patologías, el diagnóstico se suele realizar en estadios más avanzados, en torno a los 30 años de la paciente. Asimismo, pueden aumentar los síntomas por los cambios hormonales propios de la vida de la mujer como son el embarazo y la menopausia.

La causa del lipedema aún es desconocida en su totalidad, sin embargo, gracias al estudio y al avance de la medicina, se han desarrollado varias hipótesis en cuánto al origen de la alteración en las células de grasa, las cuales tienden a aumentar de tamaño y a multiplicarse sin control, agrupándose en zonas que se tornan endurecidas y provocan dolor al tacto, sensación de pesadez y presión.
Fisiopatológicamente, el lipedema se debe a trastornos hormonales, vasculares y linfáticos que afectan a la función de los adipocitos, haciéndolos crecer por una hipertrofia y retención de líquido, lo que disminuye el espacio entre ellas y el tejido subcutáneo y la piel se vuelve más dura y dolorosa. Esto a su vez, produce una sobrecarga en el sistema de drenaje y se produce un edema. Adicionalmente, el aumento de presión en el espacio intersticial provoca una fragilidad en los capilares sanguíneos, haciendo que la paciente sea más propensa a la aparición de hematomas, equimosis y telangiectasias. Dentro de las hipótesis que se manejan actualmente podemos mencionar el hipotiroidismo, la diabetes tipo II, los ovarios poliquísticos, los problemas en la permeabilidad intestinal,, el sistema inmune y alteraciones a nivel circulatorio.
Respecto a los problemas de permeabilidad intestinal se menciona que la microbiota (conjunto de bacterias ubicadas en el intestino) sufre un proceso inflamatorio y por ende, las citoquinas (proteínas que se encargan de controlar el crecimiento de las células y regulan el buen funcionamiento de las células del sistema inmune y circulatorio) pasan al torrente sanguíneo y llegan a los depósitos de las células de grasa, inflamándoles hasta diez veces más de su tamaño. El cuerpo como respuesta a esta inflamación produce más células de grasa para distribuir mejor, sin embargo, las citoquinas inflaman también las células nuevas.
El lipedema va manifestándose a medida que avanza la patología, por tanto, es de carácter muy progresivo y los signos clínicos no se aprecian sino hasta grados más avanzados, sin embargo, es importante tener en cuenta los síntomas y las manifestaciones para estar atentas y procurar un diagnóstico diferencial precoz.
Por la similitud en ciertos aspectos que tiene con la obesidad y el linfedema, suele resultar motivo de confusiones, es por eso que aquí te compartimos los signos y síntomas principales del lipedema para su diferenciación.
Existen cuatro tipos de lipedema que se clasifican según sus síntomas y se diferencian según el estadío de la enfermedad, es decir, conforme avanza el lipedema, es por eso que es muy importante estar atento al cuadro clínico de la paciente y atender a tiempo la patología para evitar que aumente la severidad y prevenir complicaciones. Para diferenciar entre cada etapa del lipedema hay que observar el estado de la piel y la presencia de signos clínicos.
En todos los estadíos, el dolor es un síntoma constante y que aumenta con el avance de la enfermedad, de igual forma la sensación de pesadez y cansancio.
Ahora bien, el lipedema al ser un acúmulo de grasa de manera desproporcionada hace posible que también se identifique dependiendo de la distribución de la grasa en el inicio de la enfermedad en 5 tipos diferentes:
El diagnóstico del lipedema está basado en la historia y cuadro clínico, prestando atención a los síntomas y antecedentes del paciente durante la evaluación médica. En ese sentido, es muy importante valorar cada aspecto de la paciente como son:
Todo esto con el fin de descartar otras patologías que compartan las mismas características como el linfedema, la obesidad, la insuficiencia venosa crónica, insuficiencia cardíaca, insuficiencia hepática o renal y tipos de edema (cíclico idiopático y ortostático). Por otra parte, como pruebas complementarias de imagenología, se pueden realizar el ECO doppler, una linfografía, resonancia magnética, ecografía cutánea y tomografía computarizada.
Dentro de las enfermedades que suelen descartarse antes de diagnosticar el lipedema está el linfedema, esto se debe por su gran parecido en los síntomas clínicos pero que es importante conocer para diferenciar uno del otro. Antes de todo, se debe conocer que ambas patologías pueden llegar a coexistir por ejemplo en un grado IV del lipedema, donde ya hay afectación de los conductos linfáticos.
Lo importante de conocer los síntomas de cada patología se debe a que las dos son de carácter progresivo y el diagnóstico suele tardar porque muchas personas no saben ni que padecen de eso, por eso, al momento de identificar cada enfermedad es crucial conocer sus características clínicas y buscar ayuda profesional, es por ello que te nombraremos algunas diferencias:
El tratamiento para el lipedema puede ser tanto conservador como quirúrgico:
Dentro de las posibles complicaciones del lipedema, debemos mencionar que a pesar de realizarse una cirugía y extraer las células de grasa patológica ( aunque éstas no van a volver a crecer porque fueron eliminadas) si es posible que los factores que ocasionan la inflamación e hipertrofia de los adipocitos afecten nuevas células. Sin embargo, con la recuperación post cirugía y sesiones de fisioterapia programadas se puede llevar un control y estar atentos para evitar la progresión. Otro punto importante es mencionar que si la cirugía no se hace con profesionales puede acabar en complicaciones como un tromboembolismo pulmonar, embolias grasas, necrosis cutáneas, seromas masivos, linfangitis e incluso provocar un linfedema yatrógeno.
Existen muchas falsas creencias respecto al lipedema que en muchas ocasiones generan en la paciente malestar emocional por no conocer realmente lo que padece, al punto de generar problemas de autoestima e inseguridad por el cambio físico y ansiedad al no encontrar una ayuda concreta.
Entre los principales mitos que rodean al lipedema, destacan: