Comer es un placer y mucho más. La alimentación es una de las mejores medicinas para nuestro cuerpo. La mejor manera de curar enfermedades es prevenirlas, y por eso es fundamental cuidar lo que comemos. A menudo pensamos en los kilos o en el físico en general, y no nos damos cuenta de que la comida también es alimento para nuestro cerebro. Para muestra un botón: el profesional de póquer Daniel Negreanu, que trabaja con la mente, decidió cambiar su alimentación porque “no había nada fresco en mi dieta y me sentía fatal”; el canadiense empezó a consumir vegetales y frutas en grandes cantidades, y eso se reflejó directamente en sus resultados, se convirtió en mejor jugador. Lo que comemos nos afecta física, psíquica y emocionalmente, y está demostrado que la dieta mediterránea es la mejor manera de comer.

El clima mediterráneo, y el estilo de vida derivado del mismo, hacen que los países de esa franja estén acostumbrados a esta manera de comer. El cultivo de frutas y hortalizas es más común que en lugares con climas más fríos, y el sol invita a salir a la calle y tener actividad física. Pero el hecho de que para nosotros sea “lo normal”, nos hace olvidarnos a menudo de su importancia.
A veces, por falta de tiempo o porque sea más barato, nos dejamos seducir por productos procesados que nada tienen que ver con la dieta mediterránea. En un estudio reciente realizado por el I.R.C.C.S. Neuromed se llegó a la conclusión de que la dieta mediterránea reduce considerablemente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Esto es principalmente porque las grasas proceden de la oliva y no son de origen animal (excepto el pescado azul que, como hemos dicho, es muy similar). Sin embargo, y esto nos ha llamado mucho la atención porque es muy preocupante, esta dieta no tiene el mismo efecto en todo el mundo. El estudio comprobó que los beneficios sólo afectaban a aquellos con un poder adquisitivo y/o educativo mayor. Conclusión: la calidad de la comida es tan importante o más que la frecuencia con que la tomemos.

¿que ventajas tiene?
Si queremos aprovechar las ventajas de la dieta mediterránea, debemos tener en cuenta de dónde vienen sus beneficios: CALIDAD, VARIEDAD, EQUILIBRIO. No es lo mismo un tomate procesado, que un tomate de la huerta. No es lo mismo hacer “la dieta de la alcachofa”, que utilizar la alcachofa en distintos platos. No es lo mismo una dieta de frutas y vegetales, que una dieta que también contenga cereales, legumbres, lácteos o pescado.
Si la dieta mediterránea es la mejor en comparación con otras similares, es por esos tres puntos que acabamos de señalar. Seguir este tipo de dieta nos ayudará a controlar nuestro peso, mantenernos activos, sentirnos mejor anímicamente y, como se ha demostrado científicamente, a reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular que, no lo olvidemos, es la primera causa de muerte en nuestro país (y en la mayoría de países desarrollados). Pero es muy importante seguir esta dieta de manera correcta. Ahí es donde entra en juego otro factor fundamental: la educación.
La dieta mediterránea no consiste en comer vegetales y fruta, que también, sino que como decíamos al principio, es una manera de vivir (que parece que se nos está olvidando). Se centra en el producto, pero también en la manera de tratarlo. Hay que COCINAR. Tenemos que desterrar ese falso mito de que lleva mucho tiempo; con una buena organización, comeremos más variado, más sano y más barato. Y si además sigues la dieta mediterránea, tendrás el corazón contento.
Fuente de las fotografías: Pixabay
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