El psoas ilíaco es uno de los músculos más importantes del cuerpo y a menudo se tiende a dejarlo en un segundo plano. Se trata de un músculo que está casi en continuo movimiento, es fuerte y grande e interviene en nuestra postura.
Está situado en la zona interna de la cadera y la zona lumbar; es el que permite el movimiento de la pierna para flexionar caderas y rotador externo de estas, siendo así el responsable de la conexión del tronco superior con el inferior.
Como su uso es continuado, no es complicado que tengamos lesionado el músculo por un sobreesfuerzo sin percatarnos de ello. El psoas ilíaco es un gran desconocido, es difícil incluso para los profesionales determinar concretamente donde está situado y valorar que una patología deriva de él sin achacarla erróneamente a otro músculo, como los abductores o abdominales.
En este artículo trataremos de esclarecer todas las dudas sobre este importante músculo y algo quizás más importante: los ejercicios correctos para su fortalecimiento y posible recuperación de una lesión.
Ejercicios para psoas acortado
¿Cómo saber si tenemos el psoas acortado? Con un sencillo movimiento: debemos tumbarnos y flexionar nuestra pierna y con la superficie de esta intentar tocar el hombro, consiguiendo presionar la zona lumbar para que se mantenga pegada al suelo. La clave está en la otra pierna: si esta se arquea, es decir que la rodilla este flexionada en lugar de extendida y alineada, tú psoas está acortado. Pero, ¿qué significa tener el psoas acortado? Significa que la cadera tiene una movilidad limitada, normalmente a causa de llevar una vida sedentaria o por realizar determinados ejercicios que fomenten su acortamiento.
Esto causa problemas en la zona lumbar, ya que cuando está acortado las vértebras lumbares se acercan hacia el muslo, causando dolor, especialmente al estar tumbado. Sin embargo esto no debe producir preocupación ya que existen ejercicios idóneos para trabajar el psoas acortado.

Para su correcta realización hay que evitar curvar el tronco y llevar la rodilla lo más atrás posible, ya que lo que se busca con este ejercicio es fomentar el movimiento de los flexores así como fortalecerlos. Tanto la bajada como la subida deben ser lentas, ayudándonos de la pierna trasera para frenar la caída y para elevarnos nuevamente. Ir intercalando las piernas. Realizar unas 15 repeticiones.
¿Recuperación del psoas ilíaco?
Los psoas, también conocidos como flexores de la cadera, intervienen en el movimiento de esta, en la rotación externa del fémur y también tienen la función de abductores. Cuando se padece una lumbalgia el psoas ilíaco suele estar acortado, y como siempre está en movimiento es muy fácil que se lesione, pudiendo esto surgir incluso sin hacer deporte. Las formas más habituales de lesionarlo es corriendo en cuestas, dando una patada a un balón o realizando mal algunos ejercicios como podrían ser los abdominales.
Para estirar el psoas debemos acostarnos boca arriba en un lugar elevado, tal como una cama o una camilla; desde ahí, una pierna debe caer hacia el suelo y la otra debemos tensarla hacia el hombro, fomentando así el estiramiento del músculo.
Aunque podamos estirar el músculo, si la lesión es muy aguda no debemos esperar a que se nos pase o intentar nosotros mismos solucionarlo en casa. Debemos acudir a especialistas, ya que una lesión en el psoas ilíaco condiciona el bienestar de nuestra zona lumbar, postura, pelvis, piernas, espalda, rodillas y lo más importante: nuestro movimiento diario.
Estiramientos para el fortalecimiento del psoas ilíaco
El psoas está íntimamente relacionado con la zona lumbar, de ahí su importancia, por lo tanto es importante tener una buena postura corporal para evitar dañarlo. Es preciso que expliquemos que el psoas ilíaco está unido al psoas mayor, el músculo flexor más grande y fuerte. Es un aspecto clave igualmente el hecho de que si este músculo, el psoas mayor, está sobre estirado puede causar los ya tan temidos problemas posturales dando lugar a que la pelvis sea empujada cara a delante, en una posición más adelantada del pecho y rodillas.
Esto muestra que la posición de la columna estaría mal alineada, sin la curvatura habitual de la espalda, causando patologías. Pero hay más aspectos en los que posiblemente uno no habría recaído, ya que si es un músculo en constante movimiento ¿para qué entrenarlo? Esta es la clave del asunto, por el hecho de que se emplea con frecuencia hay que habituar al músculo a que salga de su “zona de confort” con diferentes ejercicios.


El psoas es ese músculo que nos permite estar en contacto con la tierra, que canaliza nuestra energía y nos permite realizar acciones tan básicas como caminar, acostarnos, bailar… Es por esto que debemos mimarlo. ¿Todavía no has comenzado a hacerlo? Hoy y no mañana es un buen día para empezar, porque ya hemos visto todo lo que puede conllevar no hacerlo.