
Las precauciones son pocas a la hora de dar de comer a un niño pequeño, ya que podemos suministrarle alguna comida que nunca haya probado y resultar fatal para su salud, con lo que la capacidad de reacción de la que tenemos que hacer gala es fundamental para evitar males mayores. Desde los primeros días de vida como lactante, el organismo del niño es capaz de mostrarse reacio, es por eso que el cuidado debe ser extremo.

El abanico de síntomas es amplio y puede ir de la simple hinchazón en la lengua hasta la muerte. Entre las reacciones más leves en niños pequeños, encontramos la urticaria, el eccema, vómitos y diarrea. Según se incrementa la gravedad de los síntomas, pueden darse casos de asma, dolencias oculares y nasales. Debemos estar preparados ante cualquier emergencia con objeto de actuar con rapidez puesto que, en el peor de los casos, el niño puede sufrir un shock alérgico o anafilaxis, un colapso que puede acabar con la vida del pequeño.
El huevo es otro de los alimentos hacia los que existe mayor propensión a la alergia, con un 35% de los casos; en concreto, la clara del mismo. Después de los tres años, el riesgo más peligroso lo representa el cacahuete, una leguminosa de consecuencias fatales si no se toman medidas a tiempo. Dentro de la familia de lo que, podríamos denominar frutos secos, le siguen al cacahuete por orden descendiente de potencia alérgena, las nueces y las avellanas.
Los pescados también resultan problemáticos aunque en menor medida. Se aconseja prestar atención especialmente a la administración de diversos tipos de marisco. Por otro lado, las conocidas alergias de reacción cruzada, es decir, cuando un producto provoca reacciones de hipersensibilidad al estar mezclado con otro, representan un aspecto a tener muy en cuenta. Lo mejor es acudir al pediatra para que nos detalle una lista, pero algunos ejemplos de estas combinaciones son tomate y arroz, o la leche de vaca con carne.

En el momento en que la madre, por las circunstancias que sean, no es capaz de producir leche materna o ésta no es apta para el bebé, comienza la alimentación sustitutiva y, en ocasiones, el niño puede mostrarse sensible a ciertos preparados. Esta etapa es de descubrimientos para el niño y de pruebas y alerta para la madre.
A medida que el niño vaya cumpliendo meses y su sistema inmunológico sea más fuerte, su dieta irá incluyendo más alimentos. Tal y como se recomienda desde la American Academy of Allergy Asthma & Immunology, hasta el año, se recomienda comenzar con la fruta, la carne, el arroz y las verduras. Estos alimentos representan niveles de alergia mucho menores que otros, es por eso que tenemos que esperar a que el niño supere el año para incluir en sus comidas leche y derivados lácteos o cereales como el maíz o el trigo. Al cumplir los dos años, entran en juego los alimentos con más riesgo: pescado, huevos y frutos secos, especialmente, el cacahuete.

Ejerceremos un control más seguro realizando las comidas en casa, desechando los platos precocinados. A la hora de comprar estos productos, leeremos bien los ingredientes de las conservas y demás productos enlatados y congelados. Es indispensable que nos proveamos de una lista de aquellos componentes alimenticios perjudiciales para el niño en el caso de que conozcamos sus alergias.
En muchas ocasiones, detectar un ingrediente que produce alergia es una difícil tarea porque los nombres varían y pueden inducir a error. Desde Nestlé nos alertan con varios ejemplos. Imagina que tu hijo ha desarrollado alergia a las nueces y le compras una tableta de chocolate con leche.
Se ha dado el caso de niños extremadamente sensibles que, al ingerir el chocolate con leche se han puesto malos. Esto se ha debido a la máquina donde se fabrica el chocolate, quizá tenga restos de nueces de la elaboración anterior de tabletas de chocolate de esta variedad.

Las etiquetas deben examinarse con detenimiento y considerar aspectos como que, a veces entre los componentes hay alguno que no se señala por su ínfima cantidad. Cuando se sale a comer a un restaurante, nos cercioraremos de que no exista ningún riesgo en los platos que sirvan al niño, preguntando el origen de los alimentos y desterrando cualquier posibilidad de reacción inesperada. Ante la duda, es mejor no comerlo.
Siempre viene bien tener a mano un botiquín con fármacos que puedan ser administrados al niño en una situación de urgencia. El pediatra es el que tiene que recetar estas medicinas que, generalmente, se basan en corticoides, antihistamínicos e, incluso, adrenalina. Si existen antecedentes de alérgicos en la familia, los alimentos de mayor riesgo deben ser evitados y vigilar, aún más si cabe, la alimentación del niño.