Las arcillas son muy eficaces para limpiar la piel. Son una fuente importante de minerales que hacen que el uso de las arcillas sea muy beneficioso a nivel terapéutico. No sólo limpian y eliminan las impurezas y grasas de nuestra piel, sinó que además estimulan la circulación, hidratan, calman, revitalian y equilibran el ph de la piel. Según el tipo de piel que tengamos utilizaremos un tipo de arcilla u otra. En este caso vamos a hacer una mascarilla para pieles sensibles y secas por lo que la más adecuada es la arcilla blanca.
La arcilla blanca está indicada para pieles sensibles, secas, maduras, con arrugas. Hidrata y deja la piel tersa ya que ejerce un efecto lifting natural. Tras su aplicación veréis que la piel queda más fresca y rejuvenecida. Limpia en profundidad, estimula la regeneración celular de la piel y la descongestiona.
Para elaborar esta mascarilla utilizaremos también aceite de rosa de mosqueta para potenciar su efecto antiaging y favorecer la regeneración de la piel. Este aceite no sólo es muy útil para eliminar arrugas o prevenirlas, sinó también para las manchas y cicatrices. Por otro lado, utilizaremos también aceite esencial de lavanda que potenciará nuestra mascarilla además de aportar su acción regeneradora, calmante y estimuladora.
Antes de elaborar nuestra mascarilla debemos tener en cuenta que no es recomendable utilizar recipientes metálicos, ni sintéticos ya que las arcillas absorben los metales y podrían deteriorar la superficie de los recipientes. Siempre la haremos en recipientes de vidrio, cerámica o madera. También debemos tener en cuenta de hacer pequeñas cantidades, justo para la aplicación ya que no se conservan durante largos períodos de tiempo.
Ingredientes:
Elaboración:
Aplicación:
Si nos sobra un poco de mascarilla la podemos conservar en un recipiente cerrado en la nevera para utilizar en los próximos 7-10 días, no más.