En este email es posible que te muestre una de las vías para descubrir qué quieres hacer en tu vida. Quiero decir, qué quieres, genuina y espontáneamente, hacer en tu vida.
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Una de mis partes favoritas de la charla que di el otro día fue cuando les dije que más o menos todas las personas somos un fraude y que, como diría Mario Alonso Puig, la mayoría nos moriremos con la música dentro sin haberla hecho nunca sonar.
Les dije también que si yo creara ahora un curso de ventas, que por favor no lo compraran porque era evidente que no era bueno en ello, que soy mediocre, que querría que tú me solucionases mis problemas en lugar de querer solucionártelos yo a ti.
Si fuera bueno en ventas, realmente bueno, en lugar de haber vendido 50 libros (hoy 55 ) ya habría vendido 2.000. Si cuando lees mi carta de ventas no te sacude algo, es que no es una verdaderamente buena carta de ventas.
Que si no te sientes obligado por una magnética fuerza a comprarle algo a un vendedor, es que no es bueno en su trabajo.
Y digo que es una de mis partes favoritas porque me encanta cuando tengo el suficiente valor y madurez como para hablar con claridad y sin miedo a que la gente se levante y se vaya.
Decir la verdad sin miedo no es algo que ocurra todos los días. Ni todas las semanas. Ni a veces en toda una vida.
Bueno pues casi todos somos malos en casi todo lo que hacemos, y es sencillamente porque estamos ciegos, no tenemos rumbo, y nos hemos dedicado desde pequeños a seguir las órdenes de otras personas.
Si no descubrimos y expresamos nuestro don, nuestra música interior, todo lo que hagamos será mediocre.
A veces podrá parecer que es bueno, pero en realidad si lo comparásemos con eso mismo hecho por otra persona cuya música interior está alineada con esa acción, comprobaremos cómo es mediocre.
Yo sé mucho de mediocridad y de ser un fraude, pues me he pasado toda mi vida haciendo cosas que no me interesaban lo más mínimo.
Cuando era diseñador, era mal diseñador.
Cuando era S.E.O., era mal S.E.O.
Y algunos dirán: ¡pero mamonazo si te iba muy bien!
No.
Que me fuera mejor que a otras personas no significa que me fuera bien. Significa sólo que me iba mejor que a otras personas.
Fíjate, es muy sencillo. Si estudié diseño no fue por interés sino por ceguera absoluta y por falta de rumbo. Digamos que me conformé con estudiar diseño, pues no había un genuino y espontáneo, profundo, interés.
En el diseño nada me resultaba natural. Con el tiempo quizás hacía cosas que eran medianamente pasables, pero nunca, o prácticamente nunca, despertaron un Ohhhhhh.
El ohhhhhh es algo bastante clave en todo esto.
En cambio si veías por ejemplo lo que hacía mi socia del principio Gabriela Moo, sabías instintivamente que ella llevaba la música del diseño en su interior y que con cada trazo la estaba tocando como un arpa.
Jamás, y digo jamás en seis años, me leí un libro de diseño, atendí a un seminario de diseño, o me vi un vídeo de diseño.
Cuando era S.E.O. todo me resultaba confuso, aburrido. Gané algo de dinero, pero no porque fuera bueno sino porque estuve en el momento adecuado haciendo tres o cuatro cosas.
Quienes sí ganaban (y ganan) dinero de verdad y lo que hacían (y hacen) es minucioso y bonito, eran Pau Navarro, Marcos Mediavilla, Dean Romero o Chuiso, por citar algunos. Cuando hablabas con ellos, o cuando les leías, parecía de verdad que les gustaba lo que hacían. Conocían a referentes del campo. Se hacían sus amigos. Estudiaban. Probaban esto y aquello. Se zambullían en la experiencia.
En cambio a mí me daba pereza absolutamente todo lo relacionado con ese mundillo.
Curiosamente, en paralelo, me pasaba la vida leyendo libros de desarrollo personal. Leyendo libros de budismo o de meditación o de espiritualidad o de filosofía y, más curiosamente aún, no se me ocurría que ahí yo podría hacer algo. Decir algo. Tocar algo.
El 100 % de mis conversaciones, estaban (y están) dirigidas a aprender del ser humano, a saber más.
Desde que tengo unos 15 años me han dicho casi en cada fiesta es que te pones muy filosófico/profundo.
¿Profundo? ¿Filosósifo? ¿Hablar de lo que concierne al ser humano es profundo o filosófico? ¿En serio me haces esa pregunta? ¿Pero qué plan te han vendido y tú has comprado?
En fin…
Si hoy me entero de un buen curso de permacultura, me falta tiempo para reservarlo. Si hoy descubro un (buen) libro sobre finanzas personales o sobre negociación o sobre Buda, me falta tiempo para comprarlo y leerlo sin importar lo que cueste.
Con esto quiero decir que mientras una cosa me salía natural, las otras me costaba horrores emprender cada acción.
Lo verás en todas partes. En todas las carreras. En todos los cursos.
Verás el abogado que lo es porque ama lo que hace, y el que lo es porque no sabe dónde ir.
Verás al enfermero que mira a los ojos y que penetra en la vida y en la emoción de cada uno de sus pacientes, y al enfermero que está ahí porque la universidad le pillaba cerca de casa.
Verás el economista que está en la carrera porque es más fácil entrar por la nota de corte, y al economista que desde los quince años leía a Adam Smith y ahora se traga todos los debates de Juan Ramón Rallo.
Verás al copywriter que escribe porque le gusta ganar dinero y enseña a miles de personas a hacer lo mismo, y verás al que intenta intenta intenta, pero no es capaz de hacer sentir nada al lector.
Y te recuerdo que esto no es una crítica a nadie más que a mí mismo. Yo sólo soy un mero observador de mi realidad. Sólo soy un aprendiz de pianista interior.
Y hablando de pianistas, los hay que frente al piano están más tiesos que una estaca y que cuando en una fiesta les dices de tocarse algo SIEMPRE tienen una excusa, y los hay que cuando ven cuatro teclas se tiran a ellas como movidos por una fuerza imparable.