
Conforme vamos llegando a la senectud, nuestro organismo empieza a perder cualidades haciendo que nuestra vista no sea tan aguda como antes, que nuestros oídos ya no perciban ciertos sonidos y que nuestros huesos y músculos dejen de tener esa vitalidad propia de los años de juventud.
Sin embargo, aunque el cuerpo se debilita, hay multitud de enfermedades propias de la tercera edad que pueden hacer que se degenere más rápidamente. Una de las más temidas es el párkinson, un trastorno que puede deteriorar terriblemente la calidad de vida de quien lo padece. Por ello, ofrecerles a estas personas un tratamiento adecuado es un asunto primordial.

No obstante, tal y como explica Molero, "actualmente, estamos inmersos en una posible nueva redefinición de la enfermedad". Esta nueva concepción hace que se entienda mejor por qué afecta de manera diferente según los pacientes. Los expertos hablan de "daños en diversas estructuras del sistema nervioso, de varios neurotransmisores implicados y de una sintomatología muy diversa".
Sea como sea, está demostrado que esta enfermedad afecta por igual a hombres y a mujeres, y que existe en todas las razas humanas y en todos los continentes. Puede darse en personas de mediana edad, pero "es a partir de los 65 años cuando el número de afectados aumenta, hasta situarse en un 2%", detalla el especialista.



Además de estos consejos, existen tratamientos que pueden mejorar la calidad de vida de los afectados. Según el especialista, éstos se podrían dividir en "medicación antiparkinsoniana, que aporta la dopamina que le falta al cerebro, y una medicación sintomática, enfocada a controlar las molestias". Igualmente, existen ciertas intervenciones quirúrgicas que pueden aliviar el párkinson en determinados pacientes y es muy adecuado llevar a cabo un proceso de rehabilitación como "logopedia, fisioterapia, hidroterapia o masajes, que ayudan a mantener una vida activa y a obtener un mayor grado de autocontrol de las funciones motoras", agrega el experto.
Con todo esto, a pesar de que es una enfermedad que no tiene cura, se podrá mejorar considerablemente la calidad de vida de los pacientes y posibilitar que éstos lleven un ritmo lo más normal posible.