Seguro que ya has notado que el invierno está siendo muy frío, ¿verdad? Y que sin calefacción no puedes vivir. Si es así, habrás notado que tu piel ha cambiado. La notas más apagada, más tirante, más sensible y, sobre todo, sientes la piel seca. Entonces…
¿POR QUÉ TENGO LA PIEL SECA EN INVIERNO?
El frío y el viento, hacen daño a tu piel, pero también tenemos un enemigo más…¡¡¡la calefacción!!! Estos tres factores hacen que la hidratación que tenemos en nuestra epidermis vaya poco a poco desapareciendo y dando lugar a la sequedad, las rojeces, las grietas y las irritaciones en nuestra piel. Pero, si además tienes la piel sensible, tu dermis sufrirá más debido a los cambios bruscos de temperatura.
¿ENTONCES, QUÉ PUEDO HACER PARA EVITAR LA PIEL SECA?
Si todavía estás a tiempo de esquivar que tu piel sufra, como si ya has llegado demasiado tarde y la sequedad ha aparecido en tu piel, necesitas planificarte una rutina diaria para prevenir los daños por las bajas temperaturas en tu cutis:
1.REGULA LA TEMPERATURA POCO A POCO. Si del frío de la calle, entras en casa y pones la calefacción al máximo, tus capilares sufrirán mucho y podrán dilatarse. Controla la temperatura, si es posible, para evitar que la piel sufra.
3.INVIERNO ES SINÓNIMO DE BEBER AGUA. Para eliminar la piel seca, la forma más sencilla es hidratarla diariamente. Es muy importante que hidrates tu piel desde dentro bebiendo entre 1,5 y 2 litros de agua al día. ¡¡¡Pero agua significa agua!!! El alcohol o la cafeína nunca serán sinónimos de agua, al contrario, favorecerán la sequedad y sufrimiento de la piel.
4.HUMIDIFÍCATE. El aire del invierno es seco y, junto al aire, absorbe la humedad de la piel. Un humidificador evitará los estragos de esta época del año, manteniendo más hidratada la piel y alejándola de la sequedad que le provoca la calefacción.
5.“SI QUIERES EVITAR LA SEQUEDAD, ALIMÉNTATE DE VERDAD”. Las verduras y las frutas también serán tus amigas a la hora de evitar la piel seca, sobre todo aquellas que nos aportan gran cantidad de agua, como las naranjas, el melón, la sandía, el kiwi, el tomate, el pepino el apio o las zanahorias. Introduce también aceite de oliva, legumbres o salmón, ya que estos alimentos son ricos en Omega-3, una grasa poliinsaturada que mantiene nuestras células jóvenes y bien lubricadas.
