Es increíble como en ocasiones, el simple hecho de negarnos a hacer o a decir cualquier cosa nos aterroriza por completo. Si te identificas con esta situación, tienes que saber que no eres la única chica que no puede negarse a las peticiones de los demás, aún cuando se trata de algo que te hace sentir incómoda.
Recientemente leí un antiguo artículo de Básico con Estilo, web femenina totalmente recomendable, en la que su autora, Begoña, comentaba su mala experiencia en el pasado al ponerse a si misma como intermediaria en muchas situaciones incómodas. Cuando sus padres discutían, cuando sus hermanas no se ponían de acuerdo, simplemente sentía que tenía que estar en medio para evitar que las cosas empeoraran.
Con el paso del tiempo, esto provocó que le fuera imposible decir que no a las cosas que su familia u otras personas le pedían, con tal de “mantener la armonía” entre ellas. Hasta que llegó un día en el que no pudo continuar haciéndolo y decidió ponerle un alto a todo el mundo.
Puedes leer el resto de su experiencia aquí.
El punto es que leer ese pequeño artículo de su blog, es algo que da mucho que pensar si te pasa o te ha pasado como a ella. Del mismo se pueden destacar varias cosas, que tal vez te sirvan mucho si quieres dejar de vivir de acuerdo a los deseos de los demás.
¿Cómo aprender a decir no?
Algo importante que Begoña comenta en su blog y que seguro que a muchas personas también les sucede, es que la principal razón de su imposibilidad a negarse se debía a la culpa. El solo hecho de decir no la hacía sentirse como la peor en el mundo. Sin embargo, el simple hecho de tener que modificar sus actividades para darle gusto a otro tampoco la satisfacía por completo (¿y a quién sí?).
Con el paso del tiempo, comenta que tuvo que ir poniendo límites para deshacerse de ese sentimiento de culpa pues de lo contrario y en sus propias palabras, “se convertiría en alguien que solo funcionaba y respiraba por los demás”.
Esto fue lo que más le sirvió:
Hacer todas estas cosas supuso un cambio muy grande para Begoña y también puede ser para cualquiera. Pero lo más importante, como ella misma comenta, es que una vez que fue capaz de lograrla se sacó un peso grandísimo de encima.
Dejó a un lado la responsabilidad de “armonizar” todos los ambientes, porque efectivamente no todo podía estar bajo su control.
Si tú aún sigues teniendo problemas para decirle que no a los demás, deberías tomar todos sus consejos en cuenta.
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