¿Cuántas cosas has hecho en la última semana que no querías hacer? ¿Y en el último mes? Decir lo que piensas no siempre es fácil. El miedo al qué dirán, a no ser comprendida, a perder una amistad, al rechazo hay muchas razones para no decir no. Sin embargo, no hacerlo te hace sentir incómoda, te frustra y te enfada contigo misma. Entonces, ¿Por qué nos cuesta tanto decir que no? 
Como te decía, es mucho más fácil decir que sí a todo. Un extra de trabajo, una cita inesperada, hacer un favor decir que no implica en muchos casos, dar explicaciones, justificar la decisión y no siempre hay una. A veces simplemente no te apetece y decir no porque no me apetece “queda mal”. El miedo a lo que piense la otra persona de ti, el miedo al rechazo, y, sobre todo, el miedo a que ese NO pueda darte una libertad que no estás segura de merecer.
Una baja autoestima, la falta de autoconocimiento para identificar claramente deseos y necesidades, la ausencia de metas u objetivos son algunas de las razones por las que te puede costar decir NO. Esto no quiere decir que si alguna vez dijiste que sí a algo que no querías hacer, seas una persona sin autoestima ni metas en la vida. Incluso las personas que tienen todo lo anterior muy claro e identificado, pueden tener días bajos en los que aceptan cosas que no quieren realmente.
Lo importante aquí es identificar en qué grado te sucede, cómo te afecta, y aprender a gestionarlo. Es decir, tener las habilidades personales que te ayuden a decir NO cuando quieras decir NO, sin sentirte mal ni hacer sentir mal a la persona que tienes enfrente.
Esta habilidad se llama ASERTIVIDAD.
Una persona asertiva es aquella que sabe expresar sus deseos, sus ideas o sus necesidades desde la calma y el respeto. Reivindicar tus derechos sin pisar los de los demás. Esta habilidad se aprende y se puede entrenar con algunos ejercicios. A continuación, te doy algunas ideas que pueden ayudarte en este sentido:
Estos ejercicios no llevan mucho tiempo y tienen un enorme poder transformador. Puedes hacerlos en el autobús, antes de acostarte o mientras desayunas. Son sencillos pero de gran impacto, impacto positivo. Porque te hacen tomar consciencia de tus decisiones, te ponen en el centro de ellas. Son tus necesidades, tus gustos y preferencias las que te guían a la hora decir sí o no a algo y, por tanto, te harán sentir segura a la hora de tomar tus decisiones.
Esa seguridad y confianza que se genera cuando vas tomando decisiones que encajan contigo, ¡tienen un efecto adictivo y multiplicador! Cuantas más decisiones tomes apoyándote en tus listas y tus reflexiones sobre ellas, más decisiones acordes contigo vas a tomar, mejor te vas a sentir y más veces querrás repetir.
Tómate tiempo para crear tus listas y revísalas cada cierto tiempo. Recuerda que somos seres dinámicos, las necesidades cambian, los sueños cambian, los gustos y las prioridades pueden cambiar en cada etapa de tu vida.
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