Cuando llega el verano, quieras o no, es difícil que no te dé el sol en la cara a pesar de que utilices protección solar. Puede que no seas muy ” fan” de Lorenzo y, sobre todo en las horas centrales del día, pero suele pasar que en esta época del año aquellas personas con cierta tendencia acneica experimenten una ligera mejoría. De alguna forma, podríamos decir que el sol nos seca los granitos. De hecho, yo misma siempre digo que en verano es cuando mejor tengo la piel pues presento una piel grasa y, de vez en cuando, algún granito me acecha. ¿Será arte de magia eso de que desaparezca el acné?
NO, no lo es. Cuando nos deja de dar el sol, o bien porque empiezan a bajar las temperaturas o porque el trabajo nos absorbe a partir del mes de septiembre, podemos encontrarnos con el efecto contrario, lo que algunos denominan “el efecto rebote del sol”.
Y en esta pregunta he encontrado a más de un adolescente que se lo plantea y que, como tiene granitos propios de la edad y de su evolución hormonal, cree que si toma mucho el sol el acné desaparecerá por completo. Por eso, he considerado que es interesante explicaros que el sol lo que hace es evaporar la grasa de la piel, digamos que de alguna forma la descompone y que la reseca. Por tanto, habrá una pequeña descamación local que, a veces, es imperceptible a simple vista. Del mismo modo, el sol tiene un efecto antibacteriano que creo que es conocido por todos.
¿Resultado? Una piel más lisa, sin acné.
Sin embargo, cuando tomamos el sol aceleramos el recambio de células cutáneas que tapan los poros, los folículos reciben una mayor presión y el sebo; es decir, la grasa queda obstruida en estas zonas. Por tanto, cuando la piel deja de recibir con tanta intensidad a los rayos de sol y perdemos el bronceado, la grasa sale con mucha más fuerza y entonces es cuando decimos aquello de “efecto rebote” del sol y cuando nos miramos al espejo y gritamos “Nooooo. Ha vuelto el acné y estoy todavía peor”. Seguro que aquellos que tenéis la piel grasa notáis que os han salido más comezones que los que presentabais antes de la época estival.

Suele ser bastante frecuente ir a la playa y ver a dos personas quitándose poros o espinillas el uno al otro. Por favor, no lo hagáis en esas condiciones. De hecho, puede empeorar la condición de cualquier piel grasa. Pensad una cosa, en un lugar como puede ser la playa no tendremos las medidas higiénicas necesarias para llevar a cabo esta práctica. Si lo hacéis, que sea con todas las garantías y, a ser posible, de manos de un profesional que desinfecte correctamente toda la zona. Pensad que si se contamina el lugar sobre el que estáis trabajando, las partículas atravesarán la piel y pueden producir cierta inflamación y la oxidación del sebo.
Y en caso de que hagas caso omiso a este último consejo, por favor, nunca pellizques las espinillas porque solo conseguirás que los tejidos sangren y te podría salir hasta una pequeñita herida de tono morado que tarda más en desaparecer que la propia espinilla. Esto último os lo cuento desde la experiencia de haber tenido acné en la espalda y haberme tocado todos los poros que se veían en pleno verano. ¡Error, craso error!
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