
En las lecciones del método se aprende poco a poco a percibir de un nuevo modo los propios movimientos, lo que importa es la calidad de lo que hacemos, no el esfuerzo que producimos.
Muchas lecciones se estructuran en torno a un área particular del cuerpo, o la relación entre dos áreas, para centrar la atención. A menudo, los movimientos se repiten en los lados derecho e izquierdo, para facilitar el notar las diferencias entre los dos. A veces, una lección se limita a un lado, para poner de relieve su efecto después que se ha terminado. Los movimientos son, a menudo, pequeños y lentos, para ayudar a la persona a poder hacer distinciones y permitir que el sistema nervioso pueda registrar esa información.
El proceso es creativo, descubrir cómo un movimiento es más fácil y organizado que otro a través de la experiencia directa, cometer errores y buscar al mismo tiempo soluciones. Errar es alentado y de hecho es parte del proceso de aprendizaje. Se aprende a aprender y a mejorar el aprovechamiento de nuestros propios recursos y el propio potencial interno: aprender, mejorar y evolucionar son aspectos esenciales de la vida humana.
Los gestos se vuelven naturales y sin esfuerzo. El movimiento se convierte en placer.
Nuestros movimientos son dictados por nuestros hábitos y la forma en que nos percibimos a nosotros mismos, nuestra propia imagen. El método nos lleva a estar atentos y a cuidar nuestra esencia más profunda. La toma de conciencia, de las propias tensiones y de los lugares donde las acumulamos, es el primer paso para el bienestar psicofísico.