
En medicina física y rehabilitación, una de las causas más comunes de consulta es el dolor en la zona baja de la espalda, mejor conocida como lumbalgia o lumbago. Es una molestia que presenta múltiples manifestaciones clínicas y diferentes sintomatologías, las cuales dependen en gran medida de la subjetividad del paciente, de su tolerancia al dolor, su entorno social, su estilo de vida y la causa aparente del mismo. Por tales razones, es común hablar de lumbalgia inespecífica.
Este tipo de padecimiento afecta a más del 80% de la población a nivel mundial y en cualquier momento de su vida, sin distinguir edades. Resulta un problema sanitario bastante frecuente y en la mayoría de los casos, invalidante por su alta incidencia y poca especificidad, ya que se ve influenciado por las posturas, los movimientos y esfuerzos, así como también puede deberse a causas neoplásicas, infecciosas, traumáticas, metabólicas, vasculares, ginecológicas y psicosomáticas.
Es un tipo de dolencia que se produce frecuentemente como resultado de alteraciones mecánicas y/o posturales, asociada a limitaciones para realizar tareas del hogar, en el trabajo e incluso puede afectar el sueño.
La zona lumbar, es aquella que se corresponde con la parte final de la columna vertebral y que tiene relación directa con la pelvis y sacro. Se caracteriza por presentar una curvatura lordótica, es decir, con forma de “C” invertida y las vértebras de mayor tamaño, necesarias para soportar el peso del tronco, las extremidades superiores y el cráneo.
Anatómicamente, los cuerpos vertebrales de la columna lumbar son más anchos y con un excavado en el centro, con láminas altas, dirigidas hacia atrás y al centro, para convertirse en una apófisis espinosa bastante gruesa y rectangular. Asimismo, los discos intervertebrales a este nivel son más gruesos y con un núcleo más pulposo y un anillo fibroso más resistente, con la finalidad de absorber mejor los impactos, distribuir las cargas y soportar los diferentes cambios de posición, respectivamente.

En ese sentido, la lordosis lumbar es dada gracias a la forma específica del cuerpo vertebral, el cual es ligeramente más alto en su parte anterior y más delgado, con una dirección hacia atrás y abajo en su parte posterior, otorgando la curvatura propia de la zona lumbar y también cervical. Es importante mencionar, que las mismas son características para generar movimiento, mientras que la curvatura cifótica de la zona torácica, es propia para la protección.
Es así, como la Unidad Funcional Vertebral o “FSU” por sus siglas en inglés, se compone de dos cuerpos vertebrales (superior e inferior) y su respectivo disco intervertebral, con los demás elementos de unión, como son las articulaciones interapofisarias y el sistema ligamentoso del raquis. La FSU se divide, a su vez, en dos partes: una anterior y estática; compuesta por los cuerpos y el disco, y una posterior y dinámica; compuesta por las láminas, pedículos y apófisis espinosas.
Por su parte, el disco intervertebral se encarga de amortiguar los impactos y absorber la presión que producen los movimientos del raquis para distribuir las cargas y evitar un mayor desgaste articular.
Es la manifestación de dolor en la parte baja de la espalda o región lumbar. El término se utiliza para indicar un síntoma y como complemento para determinar un diagnóstico. Sin embargo, al ser tan generalizado y poco específico, no es considerado un diagnóstico en sí.
Por otra parte, es una de las sintomatologías más frecuentes a nivel mundial, que afecta tanto a hombres como mujeres y a personas de cualquier edad. Asimismo, puede estar asociado a síndromes posturales, procesos degenerativos, traumatismos, enfermedades congénitas, metabólicas e infecciosas, en los cuales, dependiendo del tipo, se acompaña de manifestaciones clínicas como dolor irradiado o referido, limitación funcional, rigidez articular, hiperalgesia, inflamación o pérdida de fuerza muscular.
Epidemiológicamente, entre el 80-85% de la población, en cualquier momento de su vida, ha sufrido de dolor lumbar, siendo más propensa la población masculina entre los 30 y 60 años, donde el 90% de los casos son producto de lumbalgias mecánicas y el 10% restante, corresponde a enfermedades inflamatorias o de origen no vertebral. La población infantil presenta pocos episodios de dolor lumbar, en cuyos casos se relaciona directamente con alteraciones mecánicas del sistema musculoesquelético como escoliosis y lordosis. Por otra parte, las lumbalgias causan entre el 30 y 50% de las bajas laborares, con una repercusión, dependiendo de la causa, de unos 41 días de ausencia en el trabajo.
Al ser un dolor de origen multifactorial sus características clínicas son igual de variadas, por lo que es fundamental realizar una anamnesis y exploración física exhaustivas. Entre los principales síntomas que conlleva una lumbalgia, se encuentran:
Para la clasificación de las lumbalgias es necesario tomar en cuenta el posible origen anatómico y la fisiopatología del dolor, además de los aspectos inherentes a la persona que lo padece, como son la edad, el entorno social, la actividad laboral, el estilo de vida, los antecedentes médicos y familiares, el estado emocional y la personalidad. Es así, como el dolor lumbar tiene gran carácter subjetivo, debido a la alta o escasa presencia de mediadores neuroquímicos y su relación con el ambiente externo, en este caso, el cuerpo del paciente.
En ese sentido, entre las estructuras anatómicas que destacan al momento de identificar el tipo de dolor lumbar, se encuentran: el disco intervertebral, que recibe inervación a través del anillo fibroso y se relaciona con el ligamento longitudinal posterior, además de cambiar de tamaño y resistencia dependiendo de la cantidad de nutrientes y agua que pueda absorber; las articulaciones interapofisarias, que se someten a varios desplazamientos que producen desgaste y la consiguiente respuesta protectora a través de las capsulas articulares; los músculos paravertebrales, que reciben y envían información sensitiva a través del conjunto de nervios espinales que unidos al hueso, es decir, las vértebras resisten fuerzas de tensión, compresión, tracción y torsión; componentes del sistema nervioso central y periférico (raíz nerviosa, ganglios dorsales o duramadre), los cuáles pueden verse comprometidos por una compresión, torsión o inflamación y por último, las vías dolorosas o conexiones nerviosas, que se ven afectadas por la existencia de situaciones de estrés, emergencia, angustia o fatiga extrema, alterando o modificando la percepción del dolor.
- Por alteraciones estructurales
- Por traumatismos
- Por sobrecarga funcional y postural
- Inflamatorias
- Infecciosas
- Tumorales
- Por enfermedades endocrinas y metabólicas
- Por enfermedades hematológicas
- Misceláneas
La variedad de causas que pueden terminar con una sintomatología del dolor lumbar hace necesaria una anamnesis y una exploración física detalladas, que garanticen un diagnóstico específico y acertado, de modo que al momento de desarrollar un programa de tratamiento, el mismo vaya acorde a las necesidades del paciente y los objetivos planteados para su máximo bienestar.
El abordaje del paciente dependerá de las características clínicas del dolor, las limitaciones funcionales y la repercusión para el desempeño de las actividades de la vida diaria. De manera general, se distinguen tres niveles de prevención y atención para los pacientes con algún tipo de algia a nivel vertebral.
Como parte esencial del tratamiento, debe tomarse en cuenta la individualidad de los síntomas del paciente, puesto que aunque puedan resultar similares para todos los pacientes con dolor lumbar, cada interpretación y percepción del mismo es distinta y por lo tanto, subjetiva. En ese sentido, el fisioterapeuta debe indagar de forma exhaustiva sobre los distintos elementos que influyen en la presencia del dolor, desde un enfoque integral y multifactorial.
En ese sentido, el tratamiento de las lumbalgias depende del tipo de dolor, la causa y la sintomatología. Por lo que es importante realizar una buena valoración del paciente en lo que respecta a todas las esferas.
Aspectos importantes a considerar en la evaluación Fisioterapéutica
Conociendo dichos aspectos es posible adecuar un tratamiento, ya que el mismo debe ser individualizado. Sin embargo, existen medidas generales como tratamiento terapéutico para combatir y aliviar los síntomas. De manera general, el tratamiento rehabilitador se enfocará en aliviar la sintomatología, mejorar la movilidad y recuperar la funcionalidad del paciente, objetivos que puede cumplir con la aplicación de distintas herramientas, técnicas y estrategias terapéuticas, entre las cuales destaca el movimiento como primicia.
Bárbara Flores
04/08/2022