Psicología Ambiental: Cuando te desconectas de la naturaleza
La psicología ambiental se encarga entre otros aspectos de recoger la interacción de las personas con su entorno y son muchos los beneficios que se encuentran en la interconexión de los seres humanos con la naturaleza. Hoy vemos cómo ocurre esta conexión y qué sucede cuando la perdemos.
Estos beneficios de los que estamos hablando son múltiples tanto para la salud mental como para la salud física y, aunque es así en todas las edades, desde los más pequeños a los más ancianos, estos beneficios se pueden ver especialmente en los niñ@s.
Pasar más tiempo rodeados de naturaleza, interaccionar con la tierra, el aire, el, agua, los animales y la vegetación mejora las alteraciones del estado de ánimo. La naturaleza nos ofrece un lugar que permite liberar la atención, sin que esta tenga que ir dirigida a ningún estímulo concreto lo cual ayuda a ampliar el campo de percepción y preservar energía.
Se ha demostrado que los seres humanos con contemplar al día unos minutos espacios verdes se adaptan mejor, están más sanos, poseen mayor capacidad de concentración y sufren menos estrés.
Entre los numerosos beneficios que nos proporciona la naturaleza a nuestra salud física y mental encontramos:

El ritmo de vida que llevamos, la cada vez mayor desconexión y realización de planes en entornos naturales y el aumento de las actividades en interior con luz artificial y medios electrónicos, son algunos de los factores que se pueden relacionar con la fatiga mental.
Puede deberse a la fatiga mental. A veces sucede que no recuerdas si le has contado algo a una persona, qué tenías que comprar en el supermecado o dónde has puesto las llaves del coche, o te sientes abrumado por la lista de cosas que tienes que hacer. Estas son algunas de las cosas que a veces suceden cuando nos encontramos fatigad@s mentalmente.
Puede aparecer cuando nos encontramos ante situaciones de presión y estrés prolongado. Este cansancio mental extremo, además de manifestarse mediante pensamientos, también puede hacerlo mediante el cuerpo en forma de debilidad física o enfermedades.
El ritmo acelerado de vida que a menudo llevamos puede dar lugar a esta fatiga que se manifiesta también mediante la disminución de claridad mental, dificultad para la concentración y problemas de memoria.
Los síntomas de la fatiga mental son señales de que algo no estamos haciendo de forma sana.
Todos los factores y situaciones mencionadas anteriormente que ayudan a la aparición de la fatiga mental se ven incrementados por el uso continuado de dispositivos electrónicos.
A menudo sucede que se usan las pantallas como medio de evasión, como una forma de desconectar y como entretenimiento en el día a día, pero mediante las mismas continuamos recibiendo estímulos e información bombardeante que no dejan a nuestro cerebro descansar.
Más que un uso responsable, consciente y controlado de estas herramientas, nos encontramos con un abuso por parte de la población.
Aunque todos/as pasamos hoy día un número elevado de horas frente a pantallas (tv, mvl, tablets, ebooks) y a todos nos afecta, especialmente les sucede a los más pequeños y adolescentes. Podemos ver este movimiento en todas partes: parques, transportes públicos, centros comerciales, clases, en casa etc. La mayoría pasamos mucho tiempo conectados a las pantallas.
“Estoy agotada después de un largo día, acabo de llegar a casa y necesito ponerme un ratito en el sofá a echarle un vistazo al móvil para relajarme. “
“Estoy cansadísimo y agobiado, voy a jugar al ordenador para desconectar un poco.”
“Los niños están muy agitados, voy a ponerles los dibujos y que paren un poco.”
¿Te sientes reflejada/o? De ser así esto no es beneficioso para conseguir esa relajación que buscas y especialmente no ayuda con las sensaciones que produce la fatiga mental.
Con estos métodos ponemos el foco fuera de nosotros mismos, de esta forma por un momento dejamos de sentir aquello que nos desagradaba. Pero, al no adentrarnos en lo que nos sucede ni desconectarnos de nosotros mismos para no sentir lo que nos desagrada, no profundizamos ni tomamos conciencia. Además, con el uso de las pantallas en momentos de agotamiento, le seguimos dando a nuestro cerebro más trabajo en vez de reposo, lo cual es contraproducente.
Hay múltiples alternativas como dar un paseo por la naturaleza, ver el mar, sentir el aire en la cara o el sol en el cuerpo. Hacer ejercicio al aire libre o sencillamente sentarnos a disfrutar del paisaje. Estas alternativas nos ayudan a poner el foco dentro de nosotros mismos/as, ayudando a bajar el nivel de estrés y tensión que acumulamos y a despejar la mente.
Nos suele costar mas darnos cuenta de que estamos agotados mentalmente que físicamente y esto nos lleva a ponernos en situaciones prolongadas de una carga mental y/o emocional perjudiciales. De hecho, el exceso de luz artificial provoca palidez, apatía, tendencia a la depresión, bajada del sistema inmunitario y fatiga mental.
A fin de cuentas, perder el contacto con la naturaleza es una forma de perder el contacto con nosotros mismos, ya que se trata de desconectarnos de algo muy esencial como especie y esto tiene sus consecuencias.
El primer paso es cuidarnos a todos los niveles. Para ello una opción importante a tener en cuenta es acudir a terapia. El profesional podrá acompañarte y ayudarte a identificar y calmar este flujo de pensamientos atropellados que no dejan espacio para el descanso mental/emocional.
Y, una vez dado el paso, comenzar a ordenar y priorizar aspectos indispensables como:

Como hemos visto, el apresurado ritmo de vida y la desconexión con el medio natural pueden producirnos numerosos inconvenientes para llevar una vida plena y sana. Como una de las consecuencias está la fatiga mental, que puede producir frustración e incomprensión. Con ayuda profesional puedes ser capaz de reconocer estas circunstancias y tomar mayor conciencia de lo que te está llevando a actuar y sentir de este modo para gestionarlo de una forma saludable y adaptativa.