Es una condición patológica en la que las células grasas sufren una alteración en su crecimiento, por lo que aumentan en tamaño y cantidad de manera descontrolada y se acumulan en las piernas y algunas veces, los brazos (sin afectar los pies, manos y tronco). Esta acumulación exagerada de los adipositos (depósitos de grasa) ocasiona un engrosamiento de la piel y un aumento de presión sobre los tejidos, lo que a su vez, provoca cambios linfáticos y vasculares(2).
El lipedema es una enfermedad crónica y que avanza con el paso del tiempo, suele afectar en su mayoría a mujeres, quiénes comienzan a presentar los síntomas a partir de la pubertad o en torno a los 30 años; asimismo, pueden aumentarse los síntomas por cambios hormonales propios de la vida de la mujer como son el embarazo y la menopausia. En cuánto a su prevalencia, está afecta en torno al 4 y 17% de la población femenina.
El origen del lipedema es desconocido, puesto que no se tiene un estudio concluyente respecto a las causas. Sin embargo, se manejan varias hipótesis respecto a las condiciones que predisponen esta patología, como son los trastornos hormonales tipo el hipotiroidismo, diabetes tipo II y los ovarios poliquísticos; asimismo, los problemas en la permeabilidad intestinal relacionados con el gluten y alteraciones en el sistema inmune y circulatorio(2).
En ese sentido, el lipedema se caracteriza por la inflamación y multiplicación de las células grasas, es decir, que las mismas aumentan de tamaño y en número, ocupando más espacio del que deberían y agrupándose en zonas que luego se tornan endurecidas y fibróticas que provocan dolor al tacto, sensación de pesadez y presión.
Los síntomas del lipedema son progresivos y van notándose con mayor fuerza al pasar de los años, esto se debe a que el lipedema avanza de manera gradual y muchos de los síntomas se manifiestan cuando ya hay un estadio más avanzado de la enfermedad. En consecuencia, es difícil diagnosticar que una persona sufre lipedema en sus estadios más iniciales porque los signos y síntomas suelen confundirse con otras condiciones médicas como son el linfedema y la obesidad(3,4).
Entre los principales síntomas del lipedema podemos mencionar:
Cabe destacar que los síntomas empeoran con la menstruación, el calor, al realizar ejercicio y caminar.
Existen tres tipos de lipedema que se clasifican según sus características y el grado de evolución de la enfermedad:
El diagnóstico del lipedema es basado en el examen clínico de la paciente, es decir, observar los signos y síntomas de la enfermedad y descartar las posibles enfermedades que comparten dichos síntomas. En ese sentido, se utilizan una serie de criterios clínicos que se deben verificar y en caso de estar presentes, se considera el diagnóstico del lipedema. En el caso de que sea necesario se pueden realizar pruebas complementarias como una linfografía o una ecografía doppler(1,4).

El lipedema suele ser confundido con el linfedema, ya que los dos afectan las extremidades, principalmente las piernas. Sin embargo, es importante resaltar que el lipedema como hemos mencionado es producto de una alteración en las células de grasa lo que produce un crecimiento descontrolado y desordenado de éstas, produciendo el aumento de volumen de manera bilateral. En cambio, el linfedema se produce por una afección en el sistema linfático, lo que provoca una acumulación de líquido (linfa) y aumento de volumen pero unilateral.
Es importante mencionar que aunque son enfermedades diferentes pueden coexistir ya que como mencionamos en el grado IV del lipedema, se produce una disfunción del sistema linfático que ocasiona el linfedema(1).

El tratamiento para el lipedema se enfoca en prevenir el empeoramiento de los síntomas y mejorar la calidad de vida del paciente, por lo que es importante realizar un diagnóstico temprano de la enfermedad. Ahora bien, ya instaurado el lipedema, el tratamiento puede ser de dos tipos, el conservador y el quirúrgico.