Todos entendemos que la vida no es un paseo lleno de alegría y jolgorio. Como ya escribió Miguel Delibes en su célebre novela El camino:
La vida es un camino nada sencillo de recorrer y que nos pondrá constantemente a prueba.
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Muchísimas circunstancias vitales pueden llevarnos al límite: muerte de un ser querido, pérdida de trabajo, separaciones… Uno puede rendirse y dejarse mecer por la frustración. O resistir, utilizando nuestra capacidad de resilencia.
Debemos entender la resilencia como la capacidad de hacer frente a las adversidades que te va poniendo la vida, transformar el dolor en fuerza motora, y salir fortalecido de las adversidades.
Con la resilencia hacemos frente a nuestros problemas y nos sobreponemos a la presión. Realmente, los resilientes son personas que adoptan una visión optimista ,comprenden que son los arquitectos de su propia felicidad, y que después de la tormenta, siempre llega la calma.
12 diferencias entre personas positivas y personas negativas
Un poco de ambas. Igual que hay gente predispuesta genéticamente para ser más resiliente, hay gente más predispuesta genéticamente a la depresión. Pero no por esto debemos tirar la toalla, porque la resilencia se debe ejercitar y mejorar día a día.
Esta capacidad es natural. Pero no todo el mundo la tiene igual de desarrollada.
Una persona poco resiliente es fácil de percibir, ya que no se encontrará preparada para luchar contra la adversidad, ni creerá contar con los medios necesarios para enfrentarse. Por lo tanto, todo se hace cuesta arriba, y no se llega a salir nunca de la situación de dolor y angustia.

Todos tenemos una especie de voz interior. Un narrador que en las situaciones complejas, tiende al dramatismo, y nos revela una historia de una crudeza y duración que realmente nada tiene que ver con la realidad. Por tanto, cuando estos pensamientos negativos lleguen, debemos adoptar una aptitud objetiva y cuestionar nuestra voz interior. De esta manera, seremos mucho más conscientes de nuestra situación real.
Por tanto, y muy relacionado con el anterior apartado, debemos cambiar de actitud. Debemos mostrarnos positivos y evitar la victimización. Aparte de contarte otra historia e intentar analizar nuestra voz interior, debemos cambiar los pensamientos negativos y de derrota, por pensamientos más alegres y positivos.
Enfrenta tus miedos y temores. Ante todas esas circunstancias de la vida que nos asusten, debemos ir exponiéndonos poco a poco a las mismas y de forma cada vez más continuada, hasta que consigamos vencer el miedo. Lo que queremos no es eliminar los miedos de forma ansiosa, si no poco a poco, y cada vez más preparados. Y no se trata de no tener miedo, si no de no dejarse vencer el mismo.
Me gustaría hablar de una excepción respecto al punto 3. Con este apartado quiero hablar de vencer miedo ante situaciones que a corto o largo plazo podrán ser beneficiosas y productivas para nuestras vidas. No me refiero a esas situaciones que igualmente nos generan rechazo, pero que su trascendencia positiva hacia nuestra persona es nula, y no nos generan nada provechoso.
Por ejemplo, si una persona nos genera ansiedad, y realmente consideramos que no nos aportará nada positivo, lo mejor será evitar esa compañía. Por lo tanto, nosotros debemos sopesar objetivamente que necesitamos y que no necesitamos.
Visto cómo podemos mejorar nuestra resilencia, enumeraré la gran cantidad de facetas que definen a una persona resiliente.
Seguro que te sentirás identificado o identificada con muchos de los puntos. Y si no es así, ya sabes que no hay tiempo que perder, y que desde ya, desde que termines de leer el artículo, tienes que ponerte manos a la obra.

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