En nuestro desarrollo como individuos sanos resulta imprescindible mantener relaciones con otros seres humanos. Las relaciones positivas aportan una serie de beneficios insustituibles. Por lo que merece la pena, en estos tiempos tan difíciles para relacionarnos unos con otros, dedicar un espacio a reflexionar sobre cómo podemos mejorar nuestros vínculos…
En una vida plena, llena de satisfacción y alegría, no pueden faltar las relaciones humanas. Los vínculos que creamos con otras personas influyen y determinan, de algún modo, nuestro desarrollo personal. Aprendemos a conocernos a través de los demás, y nuestra principal fuente de valores personales se ve enriquecida a través del contacto con otros seres.

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El concepto de inteligencia social aparece para dar explicación a la manera en cómo nos relacionamos con los demás. La inteligencia social nos ayuda a comprender las relaciones como una habilidad que podemos ir mejorando con el tiempo. A través del aprendizaje, también vamos adquiriendo una mayor capacidad para vincularnos de una forma más saludable y constructiva, que nos beneficie a todos.
La necesidad de este concepto no es reciente, ya que proviene del psicólogo Edward Thorndike en 1920. Dicho autor introdujo este concepto resaltando la importancias de las relaciones sociales. Desde cómo nos influyen en nuestra vida cotidiana a lo que suponen en nuestro desarrollo personal.
En un mundo como el de hoy día, en el que vivimos enganchados a las redes sociales, al compartir nuestra intimidad con todo tipo de personas, y donde las relaciones son más superficiales que nunca; se comprende que necesitemos adquirir ciertos valores que nos llevan a generar relaciones más positivas, con un mayor contacto y profundidad.
Sé amable con todos, sociable con muchos, íntimo con pocos, amigo de uno, y enemigo de nadie.
Benjamin Franklin
Desgraciadamente, actualmente se vive una crisis en cuanto a inteligencia social. Debido a las sociedades que hemos creado, vivimos cada vez más pendientes de nuestras propias luchas personales, y no somos conscientes del impacto que nuestros comportamientos tienen, tanto en el mundo en el que habitamos como en el entorno en el que convivimos. Sucede por la falta de empatía, de comprensión y tolerancia.

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Más que nunca necesitamos de este tipo de relaciones. Enfrascados en nuestras preocupaciones nos perdemos de vista los unos a los otros. Tenemos una gran necesidad de liberar nuestras tensiones, expresar nuestros pesares y angustias. No sabemos de qué manera gestionar eso, y nos precipitamos en hacerlo de cualquier manera.
La creación de relaciones positivas requiere de un proceso, de comprensión y profundización. No podemos pretender crear interacciones que resulten positivas sin invertir tiempo y dedicación. Las buenas relaciones se construyen y se van enriqueciendo con el tiempo. A este tipo de relaciones podemos llamarlas positivas cuando existe una reciprocidad, compartiendo experiencias mutuas, muestras de cariño y de interacción íntima. Son relaciones constructivas que favorecen el desarrollo personal, por lo tanto no tienen nada que ver con las relaciones destructivas; cargadas de rechazo, exigencias, falta de escucha, falta de aceptación, empatía y comprensión.
El modo en cómo nos vinculamos con los demás, tiene que ver, por supuesto, con nosotros mismos. Estamos más predispuesto a gozar de relaciones positivas cuando hemos adquirido cierto equilibrio y satisfacción en nuestras vidas. Nuestra madurez, escala de valores y entendimiento hacia nosotros mismos, favorecerán que establezcamos vínculos valiosos. Es evidente que no podemos tratar bien a los demás, si antes no nos tratamos bien a nosotros mismos…

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