Resiliencia: La gran desconocida
Ir a terapia psicológica ya no es ningún tabú. De hecho, hacerse cargo y responsabilizarse de la propia salud mental implica una decisión, compromiso y valentía dignos de admiración, que demuestran que la persona quiere coger el control de su propia vida. Con el auge y reconocimiento de la Psicología Positiva, el modelo de terapia orientado a intervenir para curar se ha complementado con uno dirigido a intervenir para fortalecer. Este último, no solo proporciona competencias y herramientas para el autocuidado, sino que ayuda a generar bienestar y previene futuras dificultades psicológicas (cognitivas, conductuales y emocionales). Y ahí es donde entra la resiliencia en el salud mental.
El modelo positivo de psicoterapia recoge en numerosas investigaciones el concepto de resiliencia; una palabra que actualmente se aplica a diversos ámbitos y especialidades y que nos resulta cada vez más familiar.
El término resiliencia deriva del latín resilio, resilire (volver atrás, volver de un salto, rebotar) y surge para describir la capacidad de un cuerpo sólido de recuperar su forma y tamaño originales, al dejar de ser sometido a la presión que lo deformaba.
Por tanto, lo que hace que sea un concepto muy interesante es la combinación de las capacidades de resistir y ser flexible al mismo tiempo. Y es por ello que, actualmente, podemos hablar de resiliencia desde distintos enfoques:
A pesar de su relevancia en el ámbito de la salud, no existe una definición de resiliencia aceptada de manera unánime. De acuerdo con distintos autores y autoras de bibliografía de referencia en psicología y psiquiatría, se habla de resiliencia desde tres vertientes relacionadas pero diferenciadas a la vez:
De todo ello se deduce que la resiliencia, como cualquier otro constructo psicológico, es una capacidad que evoluciona y que varía dependiendo de muchos factores debido a que es multivariable. Podemos haber demostrado resiliencia en un punto de nuestra vida y no mostrarnos resilientes en otra etapa. Esto se relaciona en gran medida con el autoconocimiento y el autocuidado, dos aspectos de vital importancia para nuestra salud mental que podemos trabajar y desarrollar mediante terapia psicológica.
Al fin y al cabo, la resiliencia es la capacidad de afrontamiento, recuperación y crecimiento ante crisis emocionales o hechos traumáticos y esto se consigue creando recursos psicológicos que nos hagan salir fortalecidos y poder alcanzar un estado de estabilidad emocional y calma mental.
Cuando una persona utiliza herramientas y estrategias para afrontar las dificultades que se presentan en su camino, las acaba interiorizando y convirtiendo en recursos adquiridos que le harán sentir que puede superar mayores retos cada vez. Para lograr esto, resulta clave aprender a conocernos y entrenar las propias capacidades, siendo especialmente recomendable contar con el asesoramiento de expertos.
Desde el Instituto Español de Resiliencia han elaborado una Escala de Resiliencia de 50 ítems que, basándose en las 10 dimensiones específicas de la resiliencia, mide el nivel de vulnerabilidad personal y señala qué áreas deberíamos reforzar. ¿Te atreves a conocerte mejor?