
Entre un 5 y un 6% de la población adulta presenta rosácea, siendo más frecuente en mujeres, personas de piel clara y mayores de 30 años. En este post aprenderás a diferenciarla y cuál es su tratamiento más eficaz.
La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que cursa con períodos de brotes y períodos de remisión. Durante el brote, se observa el enrojecimiento de la piel que suele ser más evidente en la zona de los pómulos. Este estado es transitorio pero, con el tiempo, los brotes se vuelven más duraderos y pueden comenzar a apreciarse pequeñas venas que surgen por dilatación de los vasos sanguíneos, diversas lesiones cutáneas y aumento de la sensibilidad. Todo ello va a repercutir en la barrera cutánea lo que puede provocar sequedad, cambios de pH, etc.
Se desconoce su origen pero diversos estudios hablan de factores genéticos, hormonales e inmunológicos. Además, se sabe que existen una serie de factores desencadenantes de la enfermedad:
Todo ello va a dar lugar a diversas alteraciones en el sistema inmunológico innato y la microbiota.
Con resultado de inflamación y vasodilatación.
Sobrecrecimiento poblacional del ácaro Demodex folliculorum y las bacterias Staphylococcus epidermidis y Bacillus oleronius en la piel, relacionados con una fuerte respuesta inflamatoria.
Se han descrito 4 subtipos de rosácea:
Para hacer el diagnóstico de rosácea el paciente debe presentar al menos una característica diagnóstica o al menos dos características principales de entre las siguientes:
Características diagnósticas
Características principales
Características secundarias
Para la inflamación y el enrojecimiento o eritema existen tratatamientos tópicos y sistémicos como el metrodinazol tópico, ácido azelaico tópico, tetraciclinas sistémicas o brimonidina.
Para las telangiectasias acudiremos a los dispositivos de luz y tecnologías láser.
En la rosácea pápulo-pustulosa distinguiremos el tratamiento atendiendo a su gravedad:
El subtipo fimatoso se tratará con doxiciclina, isotretinoínas, tratamientos de electrocoagulación, láser o cirujía.
La primera fase de la rosácea ocular mejora con toallitas y gotas oftálmicas mientras que en su fase avanzada requerirá ciclosporina.
La limpieza de la piel con rosácea debe realizarse preferiblemente 2 veces al día, por la mañana y por la noche.
La rutina de la mañana consistirá en utilizar un limpiador suave, seguido de un tónico facial con activos calmantes. Posteriormente se aplicará una crema hidratante específica y protección solar. Utilizar maquillaje a posteriori puede ser clave para aumentar la autoestima del paciente con rosácea.
Por la noche, tras limpiar la piel y aplicar el tónico, se aplicará el tratamiento tópico que el médico o farmacéutico haya recomendado.
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