Saber escuchar, saber conversar.

Tendemos a pensar que ?saber hablar? es una gran cualidad pero ¿y ?saber escuchar?? ¿Por qué no practicamos más el arte de escuchar y callar?

En el capítulo anterior decíamos que saber escuchar es una de las claves para ser más empáticos. Resultará paradójico, pero cuando callamos para prestar atención a los otros, en realidad lo que conseguimos es mejorar nuestra capacidad de comunicación: saber escuchar es también la clave para conversar.

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Y es que si la comunicación implica la participación activa de dos agentes, el emisor del mensaje y el receptor, a menudo parece que en lugar de dialogar estemos haciendo un monólogo.

 Nos quejamos de que nuestros hijos o nuestras parejas no nos escuchan, cuando el problema radica precisamente en que hablamos sólo nosotros, no dejamos que el otro se explique. Queremos imponer nuestro punto de vista sin siquiera tratar de entender el de los otros.

Escuchar no es una tarea pasiva, no es sólo oír. Debes liberarte de las ideas preconcebidas, olvidarte de lo que crees que el otro te va a decir; demostrar que te interesa escuchar porque si el otro se siente desatendido entonces cortará el diálogo. Date cuenta además, de que si no prestas atención eres tú mismo el que se autoexcluye de la conversación; que quien habla dejará de dirigirse a ti y a nadie interesará tu opinión.

La escucha empática.

Cuando alguien habla, podemos escucharle desde distintos niveles de atención y participación: