
La enfermedad celíaca es una afección que puede manifestarse en cualquier momento de la vida, aunque sus síntomas varían significativamente según la edad. Mientras que en la infancia la prevalencia es cinco veces superior, los nuevos diagnósticos muestran que entre el 20% y el 50% de los casos se detectan en adultos mayores de 50 años.
La máxima incidencia de celiaquía se registra en mujeres entre 30 y 40 años, y aproximadamente el 20% de los pacientes diagnosticados superan los 60 años. Esto demuestra que la celiaquía ha dejado de considerarse un trastorno típicamente infantil.
En bebés pequeños, la enfermedad celíaca presenta sus manifestaciones más graves y evidentes. Los síntomas más característicos incluyen:
Estos síntomas, cuando no se tratan, pueden llevar a crisis celíacas graves con hemorragias cutáneas o digestivas entre el primer y segundo año de vida.
A partir de esta edad, los signos de la enfermedad se modifican y adquieren características diferentes. Los síntomas más comunes son:
Si la enfermedad evoluciona sin diagnóstico ni tratamiento durante estos años, los síntomas pueden agravarse significativamente.

A partir de la adolescencia, la presentación de la enfermedad celíaca es muy diferente. Los síntomas digestivos pueden estar ausentes o pasar desapercibidos, lo que complica el diagnóstico.
Los síntomas más característicos en estas edades incluyen:
La enfermedad celíaca ha sido definida como un trastorno "camaleónico" porque frecuentemente se presenta enmascarada bajo otras condiciones. En estos casos, los síntomas digestivos pueden estar completamente ausentes.
Los signos atípicos más comunes son:
Es fundamental relacionar estos síntomas derivados en la sospecha diagnóstica, ya que la ausencia de problemas digestivos típicos retrasa considerablemente el diagnóstico de celiaquía en muchos adultos.
Tanto en niños como en adultos, los síntomas pueden ser atípicos o estar completamente ausentes, dificultando la detección precoz. Si sospechas que tú o alguien cercano puede padecer celiaquía, consulta con tu médico para realizar las pruebas diagnósticas necesarias.
El diagnóstico temprano es crucial para evitar complicaciones a largo plazo y mejorar significativamente la calidad de vida.