Hace unos días escuché a un catedrático de economía explicar que el hecho de que a nuestro móvil le estén llegando continuamente mensajes, en cualquier momento, se asemejaría al hecho de que estando nosotros en nuestra casa, disfrutando, por ejemplo de una comida, el cartero llamara a la puerta cada tres minutos para entregarnos una carta.
¿Sería esto normal? ¿No sentiríamos ganas de mandarle a paseo? ¿No terminaría eso con nuestros nervios?

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Sin embargo, atendemos continuamente las continuas demandas de nuestro móvil, aunque a veces sea de modo inconsciente. El hecho de saber que algo ha llegado a nuestro móvil, aunque no lo atendamos, genera una cierta ansiedad, aunque sea de forma inconsciente.
No obstante, no solo tenemos el móvil como modo de «distracción» de nuestro momento presente. También están las informaciones de todo tipo y a cualquier hora. No me refiero a noticias únicamente sino también al hecho de poder estar superinformados de cualquier cosa, en cualquier momento. La oferta de los medios de «distracción masiva», es decir, del mundo del entretenimiento, se nos viene encima a cada instante, queramos o no queramos.
¿No será quizá que aquellos contenidos que nosotros, como adultos, consideramos interesantes para ellos, no lo son? En general, si a un niño le enseñas cosas que pueda entender, utilizar, manejar y disfrutar es difícil que se distraiga, sobre todo si sabes como hacer que le lleguen.
Si exigimos que todos los niños entiendan las cosas de la misma manera y a la misma velocidad, estamos actuando de forma inhumana. Cada niño es un pequeño universo que lleva su ritmo y al que no podemos ni debemos comparar.

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En cuanto al hecho de que no puedan llevar a cabo tareas que impliquen concentración, los únicos responsables de esa situación somos los adultos que los sobreestimulamos constantemente. Antes los niños podían concentrase con facilidad en sus propios juegos y aficiones, debido a que no contaban con la cantidad de estímulos que cuentan ahora.
Quizá, al permitir que sean ellos los que decidan cómo organizarse, nos encontremos con gratas sorpresas. Volveríamos aquí a procurar entender que cada niño es diferente y que la organización general no tiene por qué ser la misma que él lleve a cabo.
Vivimos en una sociedad que necesita etiquetar cada uno de los comportamientos humanos normales para después procurar la normalización con medidas correctoras como medicamentos, por ejemplo Nunca en la historia habían aparecido tantos niños con estos síndromes que son fruto de una vida desnaturalizada y carente de la más mínima lógica.
Nuestros niños pasan más horas delante de la televisión o cualquier otro tipo de pantallas que jugando al aire libre y gastando la energía de vida que les caracteriza. Un niño que no se mueve lo que necesita es un niño inquieto inevitablemente. De la misma forma un niño que está continuamente asediado con estímulos no puede jamás encontrar la concentración.
Un niño al que se compara continuamente con los niños que sí entran dócilmente a encabezar las listas de la «normalidad», se sentirá siempre diferente y hará todo lo posible por llamar la atención. Entonces tendremos servido y asegurado el llamado «mal comportamiento»

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Afortunadamente, cada día son más los profesionales que antes de medicar a los niños que presentan estos síntomas aconsejan a sus padres un drástico cambio en el tipo de alimentación:
En realidad, cualquier niño, con o sin TDA, se beneficiaría enormemente de hacer los siguientes cambios en su alimentación:
En definitiva, podemos observar que cualquiera de las cosas que podrían evitar que los niños del siglo XXI tuvieran este síndrome, son sencillas y entran dentro de la lógica y que, probablemente, debido a la vida tan enloquecida que llevamos, no hemos sido capaces de observar.
Llegará un día en que en todas las escuelas se incluya como asignatura imprescindible la meditación. Estoy segura de que en ese momento se reducirá enormemente la cantidad de niños con TDA.
Demos a nuestros niños la oportunidad de ser niños. ¡Tienen que jugar, correr, tomar el aire, vivir tranquilos y comer alimentos vivos!
En conclusión, cada vez más expertos del mundo de la medicina y la psicología insisten en la importancia de cuidar de nuestra mente, tal y como propone el método Crear Salud.
Debemos ser conscientes de que para llevar una vida saludable también necesitamos nutrirnos adecuadamente y activarnos haciendo cosas que aporten a nuestro bienestar integral. Herramientas como la app Siente – que puedes descargarte aquí – pueden ser grandes aliadas en tu camino a una vida libre de estrés. Su metodología es sencilla de usar, pues incluye el mindfulness y la psicología positiva para mejorar tu bienestar, reducir el estrés y, en consecuencia, ser más feliz.