Continuando con estas últimas entradas hablando de los problemas que pueden tener los objetivos, hoy querría hablaros de otro término que es muy utilizado a la hora de utilizar un objetivo. Estamos hablando de la difracción, palabra ,que en cuanto alguien iniciado la escucha, le provoca escalofríos.
¿Y que es la difracción? Para ello pensemos en el comportamiento de las ondas (la luz no deja de ser una onda). La luz se propaga en línea recta siempre que no tenga obstáculos. Imaginad una onda que se propaga en un estanque, siempre sigue en línea recta hasta que se encuentra con algo que la hace desviarse y deformarse.
Cuando la luz atraviesa un obstáculo puntiagudo o una abertura estrecha, el rayo de luz se curva ligeramente. Este fenómeno, denominado difracción, es el responsable de que, por ejemplo, al mirar a través de un agujero muy pequeño todo se vea distorsionado debido a que el orificio actúa como un nuevo emisor.
Aplicado a lo que nos gusta, la fotografía, y en especial a los objetivos, se dice que aparece la difracción cuando cerramos mucho nuestro diafragma (mayor número f). Los rayos de luz, al atravesar los bordes del diafragma, se curvan ligeramente. Si tenemos una apertura grande, este efecto apenas se nota, porque casi toda la luz que entra no está deformada y es, digamos, “limpia”. Pero si la abertura es pequeña, la proporción de luz que se curva es mayor y es mayor el porcentaje de imagen que es afectada.
Lo que comentamos se ve muy bien en la siguiente imagen:
Difracción

Difracción