Podría decirse que las fotografías de hoy son fruto de la casualidad. Cuando salgo de excursioneo con gente no suelo pararme demasiado a hacer fotos para no hacer esperar al grupo, prefiero ir un poco deprisa aunque luego tenga que borrar la mitad del "carrete". No se que pasó hace dos semanas cuando fui a Tollymore Forest, un bosque al lado de un pueblecito costero encantador, que de repenté me despisté y estaba sola. Cogí otro camino y entre tanto árbol y rama suelta me fue imposible orientarme.
Caminé un rato sin rumbo y después de haber pasado toda una fauna de arañas y bichejos por el estilo pensé que ya era hora de sacarle un poco de juego a la cámara, así que de forma pausada atrapé el encanto de toda la vidilla que habita los bosques. Fue una mañana de lo más extraña, apenas me giraba de hacer más de cien fotos a una araña-modelazo tenía otro bichito esperándome como diciendo "ey, yo también se posar para ti". Lo más gracioso es que soy de las que ve una araña en la ducha o en cualquier rincón de casa y sale pitando a grito de socorro, pero no se, verlas en su hábitat es muy diferente. Sabes que no va a saltar de repente con unos colmillos tipo drácula a morderte, no se mueve más que para pasar de un lado a otro de su red y no puede salir volando hacia los ojos u orejas de nadie porque no tiene alas. Y ahí, cuando te paras a observarla de cerca, ves a la araña como una criatura preciosa.
Si os apetece, os dejo que me acompañéis a bosquear y descubrir los colores y la vida del bosque en otoño.









¡Pasad una buena semana!
Besotes gigantes.