
El viernes 12 de mayo de 2017, la comunidad global fue testigo del comienzo de la mayor infección de ransomware en la historia. El fabricante de automóviles Renault tuvo que cerrar su fábrica más grande en Francia y los hospitales en el Reino Unido tuvieron que rechazar a los pacientes. El gigante alemán del transporte Deutsche Bahn, la española Telefónica, la distribuidora de electricidad de Bengala Occidental, FedEx, Hitachi y el Ministerio Interior Ruso también resultaron afectados.
Wannacry logró afectar a más de 200 mil sistemas en 150 países. Según Kaspersky Lab, el país más afectado fue Rusia, con 33.64% de las empresas afectadas, seguido por Vietnam (12.45%) e India (6.95%). La región de América Latina también fue una de las más afectadas con Brasil ocupando la sexta posición (4.06%) y México la undécima (1.59%).

La novedad en este ataque fue la forma de propagación, usando el exploit EternalBlue – vulnerabilidad en el protocolo SMB, dada a conocer semanas antes por el grupo Shadowbrokers – la cual instalaba, a través de Internet, la puerta trasera DoublePulsar, utilizada para inyectar código malicioso sin requerir de interacción alguna con los usuarios. Una vez que los equipos eran infectados, WannaCry cifraba la información y extorsionaba a las víctimas, solicitándoles pagar un rescate para recuperar su información.
WannaCry dejó a simple vista lo fácil que era explotar una vulnerabilidad conocida para el sistema operativo Microsoft Windows. Pese a que el parche ya estaba disponible, muchos administradores de sistemas se dieron cuenta que su red estaba expuesta cuando ya era tarde.
“La lección de Wannacry es que un virus puede causar daños reales, hasta pérdidas de centenares de millones de dólares. Estas ya no son consecuencias aisladas de ataques dirigidos de alto perfil sino de ataques simples que afectan al mayor número de víctimas posible. Las empresas deben entender que todos están en peligro y por ende, sus negocios y sus activos corren un gran riesgo”, alertó Dmitry Bestuzhev, director del Equipo de Investigación y Análisis para Kaspersky Lab América Latina.
A pesar de la difusión que tuvo el ataque, un año después el exploit EternalBlue sigue siendo un vector de infección, no solo para ransomware, sino también para otras infecciones con malware. Esto se debe a la falta de instalación de los parches correspondientes de Microsoft para cerrar estas vulnerabilidades.
“La vulnerabilidad EternalBlue aún sigue siendo aprovechada por los criminales para distribuir malware y conseguir infecciones de forma masiva. En algunos casos se trata de ransomware, pero en otros hemos visto la proliferación de criptominers, es decir un tipo de aplicación cuyo único objetivo es generar monedas digitales del estilo de Bitcoin o Monero. Es interesante observar cómo luego de un año siguen existiendo sistemas que no han aplicado las actualizaciones y siguen siendo vulnerables ante este tipo de amenaza,” agregó Santiago Pontiroli, analista de seguridad en Kaspersky Lab.
Según estadísticas de Kaspersky Lab, el 65% de las empresas afectadas por ransomware durante 2017 perdió acceso a una cantidad significativa de datos o incluso a todos sus datos. Además, una de cada seis de las que pagaron el rescate nunca recuperó sus datos.
Con el propósito de hacerle frente a la creciente amenaza que representa el ransomware alrededor del mundo, los expertos de Kaspersky Lab recomiendan a las empresas seguir las siguientes medidas:
Vía: Kaspersky