¿Quién no se ha despertado alguna mañana con ganas de meterse entre pecho y espalda unos churros recién hechos, crujientes por fuera y tiernos por dentro? Ese aroma inconfundible a masa frita que invade toda la cocina es casi un ritual.
La verdad es que hacerlos en casa es más accesible de lo que parece. No necesitas ser pastelera ni tener equipos profesionales; con un poco de maña y paciencia, conseguirás unos resultados que nada tienen que envidiar a los de la churrería de la esquina. Además, controlarás todos los ingredientes y el punto de cocción.
Aquí te traemos varias formas de hacerlos, desde las más clásicas hasta las más creativas, para que elijas la que mejor se adapte a lo que tengas en tu cocina.
A veces lo simple es lo mejor. Este método te sorprenderá por su facilidad y por los resultados que consigue con apenas tres ingredientes básicos.

Uno de los miedos más comunes al freír es que salten fragmentos de masa. Aquí descubrirás los trucos para evitarlo y obtener piezas perfectas.

Una técnica clásica que te dará control total sobre la forma y el tamaño. Todo lo que necesitas saber para usar correctamente esta herramienta de cocina.

Porque una vez que los sacas de la sartén, todavía falta lo mejor: el rebozado. Te enseñamos cómo conseguir ese acabado crujiente y perfumado.

No todos tenemos estos accesorios en casa, así que aquí verás métodos ingeniosos para hacerlos igual de bien con lo que ya tienes en tu cocina.

Cuando lo que importa es la pureza de la receta, aquí está: el método tradicional reducido a lo esencial, perfecto para principiantes.

Un repaso por ambas opciones para que decidas según lo que tengas disponible en casa y el tiempo que dediques a preparar la masa.

Las cosas clásicas son así porque funcionan. Conoce la versión auténtica que generaciones de abuelas han perfeccionado en sus cocinas.

Ya ves que tienes opciones para todos los gustos y niveles. Lo importante es que te animes a probar; la segunda vez seguro que ya lo haces con los ojos cerrados.