Si hay algo que marca la diferencia entre una cocina aburrida y una llena de sabor, es saber qué hacer con un puñado de pimientos frescos. Esos que ves en la frutería, brillantes y crujientes, tienen mucho más juego del que crees a primera vista.
La cosa es que muchas personas los relegan a un segundo plano, como si fueran solo un relleno más. Pero la verdad es que son versátiles, accesibles y, si sabes cómo tratarlos, pueden llevar tus platos de lo corriente a lo memorable. Aprende a elegirlos bien y te ahorrarás sorpresas desagradables en la cocina.
Te vamos a mostrar recetas que van desde lo más simple hasta propuestas más sofisticadas, porque hay formas de disfrutarlos que quizá no te hayas planteado todavía.
El clásico que nunca falla. Crujientes por fuera y tiernos por dentro, estos pimientos son la solución cuando necesitas algo rápido pero elegante para recibir.

Una combinación italiana que sorprende por la dulzura que la fruta aporta al plato, complementada a la perfección con la frescura de los pimientos verdes.

Aquí te sorprenderá descubrir que pueden convertirse en mermelada. Una propuesta gourmet que eleva los raviolis a otro nivel con un acompañamiento inesperado y delicioso.

Un repaso por las técnicas de cocción rápida donde estos pimientos brillan en su máxima expresión, manteniendo la textura y el color vibrante que los caracteriza.

Una opción ligera y equilibrada donde los pimientos conviven con otros vegetales en una base de cous cous que absorbe todos los sabores sin pesadez.

Todo lo que necesitas saber sobre cómo convertir ingredientes sencillos en un plato de comida reconfortante donde cada verdura juega su papel.

Una receta versátil donde los pimientos alternados con otros ingredientes crean combinaciones visuales y de sabor que funcionan tanto en la barbacoa como en la sartén.

Te sorprenderá cómo la pipirrana —ese tradicional picadillo de verduras— se convierte en un acompañamiento fresco y crujiente para un gazpacho diferente.

La verdad es que estos pimientos merecen un lugar fijo en tu despensa. Ya sea fritos, guisados, en mermelada o crudos, siempre te sacarán de un apuro y harán que cualquier plato gane en sabor y color.