Hay algo casi mágico en ver cómo un puñado de granos blancos se transforman en un plato memorable. Quizás sea porque el arroz es de esos ingredientes que funciona tanto en la cocina de diario como en la más elaborada, y siempre sale bien si sabes qué estás haciendo.
El secreto está en dominar lo básico: el punto de cocción, la cantidad de líquido, el tipo de grano que eliges. Una vez lo tienes claro, las posibilidades son infinitas. Desde un risotto cremoso hasta una paella que deslumbre en la mesa, el arroz se adapta a casi todo.
Te traemos una selección de recetas que van desde las técnicas fundamentales hasta creaciones más sofisticadas, passando por los grandes clásicos españoles y aventuras culinarias con sabores de otros lugares.
Los fundamentos importan más de lo que crees. Aquí verás qué errores cometes sin darte cuenta y cómo corregirlos para que cada grano quede suelto y lleno de sabor.

La receta original, la que no lleva marisco ni tomate, la que los valencianos defienden con pasión. Todo lo que necesitas saber para hacerla como se debe.

Cuando quieres impresionar en la mesa. Te sorprenderá lo mucho que gana en sabor cuando combinas bien los pescados y mariscos, y los dejas que dialoguen con el arroz.

Un repaso por la textura media entre el arroz seco y el caldo puro. Jugoso, reconfortante y con los mariscos en su punto exacto.

Descubre cómo ese movimiento constante de la cuchara, esa paciencia que requiere el risotto, te recompensa con una cremosidad irrepetible sin usar nata.

La versión italiana de lujo. Aquí el arroz absorbe los jugos del mar y se convierte en algo casi cremoso, mientras los calamares y gambones dan ese toque de sofisticación.

Cuando el arroz viaja más allá del Mediterráneo. Aprende a integrar las especias sin que dominen, creando una armonía entre lo familiar y lo exótico.

Ese fondo crujiente y dorado que se forma en la paella es el premio para los pacientes. Te explicamos cómo conseguirlo sin quemar el resto del plato.

Con estas recetas en tu repertorio, tendrás arroz para cada momento: el de diario y el de fiesta, el que comes con cuchara y el que pide copa de vino. Lo mejor es que una vez domines la técnica, podrás jugar e inventar tus propias versiones.