Te pasa que abres la nevera a mediodía y solo ves lechuga marchita y unas sobras de pollo. Entonces descubres ese manojo de hojas verdes, un poco picantitas, y de repente tienes la base de algo que merece la pena comer. Así funciona esta verdura: pequeña pero matona, con ese toque amargo que despierta el paladar.
Lo bueno es que no necesitas ser un chef para aprovecharla. Desde una ensalada rápida hasta recetas más sofisticadas, se adapta a todo. Lo único importante es elegirla fresca (las hojas deben estar crujientes, sin manchas oscuras) y usarla pronto, porque se asfixia en la nevera.
Aquí te dejamos una selección de recetas que te van a hacer verla de otra manera. Desde clásicos italianos hasta combinaciones que quizá no habías probado, todas ellas sencillas y con resultados que suenan mucho mejor de lo que cuesta hacerlas.
Todo lo que necesitas saber sobre esta hoja: desde cómo elegirla en el mercado hasta trucos para que no se pase en la nevera.

Una combinación clásica que funciona porque el aguacate cremoso contrasta a la perfección con ese toque amargo y picante que caracteriza esta verdura.
Olvida el pesto de albahaca por un momento. Esta versión es más fresca, con ese punto picante que le da personalidad. Ideal para pasta, tostadas o hasta para untar en carnes a la plancha.

Un plato italiano sencillo que te sorprenderá por lo completo que resulta con tan pocos ingredientes. La verdura se añade al final para que mantenga su textura crujiente.

La receta catalana que merece estar en tu rotación de comidas rápidas. Pan casero, jamón de calidad y hojas frescas: no necesita mucho más.

Un repaso por las ensaladas de verdad, esas que sacian y que puedes hacer el domingo para toda la semana. Aquí la remolacha juega un papel importante dándole color y dulzor.

La mejor versión de pizza para comer con las manos: crujiente, generosa en ingredientes de calidad y con ese toque verde fresco que marca la diferencia.

Cuando menos es más. Solo hojas, queso recién laminado y una buena vinagreta. Es de esas recetas que parecen tontas hasta que las pruebas.

Ya ves, no se trata de nada complicado. Con un buen manojo en la nevera y ganas de experimentar un poco, conseguirás transformar cualquier plato en algo con más carácter. Y lo mejor es que todo tarda menos tiempo del que cuesta limpiarla.