Los pimientos son uno de los cultivos más populares del huerto y sus múltiples variedades hacen que existan pimientos para todos los gustos culinarios y por tanto se hacen imprescindibles en cualquier huerto que se precie. Hoy te contamos cómo plantar pimientos en el huerto con éxito.
Siembra: los pimientos se siembran de 2 a 3 semanas antes de las ultimas heladas en semilleros protegidos. Su desarrollo es algo lento, por lo que te recomendamos no dejarlo para última hora, para que tengan suficiente tiempo para producir una buena cosecha cuando llegue el verano.
Trasplante: los pimientos se trasplantan a su maceta definitiva cuando las temperaturas mínimas superan los 15ºC (ver apartado sobre el clima) pasados unos 2 meses desde su siembra. El tamaño ideal de la planta para ser trasplantada es cuando tenga unas 6-8 hojas.
Plantar pimientos en maceta también es posible, ya que la mayoría de variedades no presentan un desarrollo muy elevado por lo que son ideales para los huertos urbanos en recipientes. Además con un par de plantas de pimiento es suficiente para abastecer a una familia durante toda la temporada.
Clima: los pimientos son plantas muy sensibles al frío que necesitan temperaturas superiores a 10-15ºC para desarrollarse bien, aunque su temperatura ideal es de unos 20-25ºC. No soportan los cambios bruscos de temperatura entre el día y la noche.
En las zonas más frías, se recomienda proteger durante la noche con una manta térmica, hasta que se superen las temperaturas mínimas indicadas, para que las plantas de pimiento no detengan su crecimiento ni encuentren grandes oscilaciones de temperatura entre el día y la noche.
Aunque les encanta la luz y el calor, en los meses de verano conviene buscarles una exposición parcialmente sombreada, para evitar que se soleen.
Suelo y abonado: los pimientos prefieren suelos ricos en humus y ligeros para su óptimo crecimiento. En macetas, un sustrato a base de humus de lombriz es ideal para su cultivo.
Necesitan un suelo rico en materia orgánica (estiércol, compost, humus de lombriz) y un aporte extra de guano u otra fuente orgánica de potasio cada 15 días a partir de la floración, de este modo, favorecerás la producción de flores y frutos y recogerás cosechas más abundantes.
Riego: Comúnmente se dice que es necesario que el pimiento pase sed, esto significa que se precisan riegos frecuentes pero algo espaciados en el tiempo (cada 3-4 días nada más trasplantarlos y cada semana en verano), ya que no soportan una humedad excesiva ni de forma continua. Los encharcamientos podrían asfixiar sus raíces.
Evitar mojar las hojas y la parte inferior del tallo en los riegos, ya que puede favorecer la proliferación de enfermedades provocados por hongos como la seca del pimiento. Un riego por goteo directo al sustrato o terreno nos evitará problemas posteriores.
Como el pimiento es una planta de auto-polinización, si observas que la planta tiene flores, pero aun no obtienes frutos, sacúdela un poco de manera suave.
Si los tallos toman un color oscuro es un indicio de maduración y no de plagas o enfermedades.

Por lo general, los frutos se cosechan de 12 a 14 semanas después de transplantar; a final del verano y comienzos del otoño. Puedes recolectar tus pimientos cuando estén aun verdes o bien esperar a que tomen un tono colorado, amarillo o naranja. Para hacerlo, utiliza un cuchillo y realiza un corte limpio para evitar daños en los tallos, dejando alrededor de 2 ó 3 centímetros de tallo.
Los pimientos son bastante resistentes a las plagas, no obstante conviene vigilarlos para asegurarte su buen estado “de salud”.
Las plagas más frecuentes son los pulgones, la araña roja y algunas orugas.
Para prevenir las enfermedades provocadas por hongos, recuerda controlar el riego y en caso de épocas de lluvias frecuentes puedes realizar tratamientos preventivos con un fungicida a base de cobre.
La albahaca, protege a los pimientos de pulgones y arañas, por lo que es aconsejable que intercales alguna planta de albahaca entre tus pimientos.
Otros cultivos compatibles con los pimientos son ajos, rabanitos, lechugas o cebollas.
No los mezcles con otros cultivos de la misma familia (tomates, papas,) ya que son exigentes en nutrientes y competirían entre ellos.
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