¿Cómo se hace un injerto en un frutal?
El injerto en un frutal es una técnica de multiplicación que permite obtener un árbol idéntico a la variedad que deseas, colocando una púa (rama) o yema de ese árbol sobre un patrón o portainjerto (normalmente un frutal silvestre más resistente). Lo fundamental es que el patrón y el injerto sean de la misma familia; por ejemplo, puedes injertar un manzano en otro manzano, pero no en un cerezo.
Existen varios tipos de injerto según el frutal: el de hendidura simple, el de púa terminal, el de unión lateral o el de escudete, cada uno con sus ventajas. Lo más importante es que hagas los cortes limpios y precisos, asegurando un buen contacto entre el patrón y la púa para lograr una buena unión vascular. Debes atar bien el injerto con rafia o cuerda para mantenerlo en su lugar, protegiendo la zona con una bolsa de plástico si es necesario para conservar la humedad.
Una vez que el injerto ha agarrado (entre cuatro y cinco semanas después), puedes empezar a soltar poco a poco las ataduras. Muchos prefieren esperar a que la púa haya crecido unos 15 centímetros antes de desatarla completamente, o incluso mantenerla atada hasta el invierno si es un injerto de hendidura. El crecimiento varía según la zona, el clima y el tipo de frutal, así que observa cómo evoluciona tu injerto y ve aflojando conforme veas que está bien soldado.