¿Cómo sé si un huevo está malo?
Un huevo que está malo suele mostrar señales objetivas: un olor desagradable cuando lo cascas, una yema o clara con tonalidad rosácea, grisácea o verdosa, o un aspecto turbio en la clara. Si abres un huevo y observas coloración anómala o huele mal, no lo consumas.
La prueba del agua —meter el huevo en un vaso— solo indica lo viejo que es: uno que flota suele llevar tiempo almacenado. No sirve para darlo por bueno ni por malo, porque un huevo que se hunde también puede estar en mal estado; comprueba siempre el olor y el aspecto al cascarlo.
Además, el anillo verdoso que a veces aparece alrededor de la yema de un huevo cocido es completamente normal y no indica que esté malo. Si tienes dudas sobre el aspecto, el olor o la procedencia de un huevo concreto, ante la duda, no lo consumas.