Hay momentos en los que abres la pescadería y ves ese pez plano con ojos de película de terror y piensas: "¿De verdad la gente come esto?". Pues claro que sí. Y no solo lo comen, lo adoran. Porque el sabor dulce de su carne blanca y delicada, con esa textura casi de mantequilla, es capaz de hacer que hasta los más escépticos se rindan.
Lo bonito de este pescado es que no necesita de grandes artifices para ser espectacular. Una buena plancha, un poco de limón, sal y mantequilla. Punto. Pero si te apetece jugar un poco más en la cocina, las posibilidades son infinitas. Y aquí viene lo importante: comprarlo fresco es medio camino andado. Fíjate en que los ojos estén brillantes y el olor sea a mar, no a cosa rara.
Te traemos un recorrido por las mejores formas de prepararlo: desde las clásicas francesas hasta las más creativas, pasando por técnicas sencillas que sacará lo mejor de este tesoro marino. Porque cocinar bien no es complicado, solo requiere ingredientes buenos y ganas de hacerlo bien.
Aquí verás cómo convertir tres ingredientes en una delicia. Sin complicaciones, sin trucos: solo la técnica correcta para que cada bocado sea perfecto.
Descubre por qué los franceses llevan siglos cocinándolo así. Harina, mantequilla y limón son todo lo que necesitas para entender por qué este plato es un clásico de culto.

Todo lo que necesitas saber sobre cómo lograr ese rebozado dorado y crujiente que contrasta perfectamente con la carne tierna del interior.

Te sorprenderá cómo una salsa de almendras eleva este pescado a otro nivel. Elegante, diferente y sorprendentemente fácil de hacer.
Un repaso por esta técnica francesa que sella todos los jugos y aromas del pescado. Perfecto cuando buscas algo ligero pero sabroso.

Aprende a hornear este pescado sin que se reseque, acompañado de verduras que absorben todos sus sabores naturales.

La acidez cítrica combina perfectamente con la delicadeza del pescado. Los piñones añaden una textura crujiente que lo hace irresistible.

Aquí tienes una opción más elaborada pero accesible: enrolla filetes con ingredientes que complementan su sabor delicado sin opacarlo.
Una vez que descubres cómo cocinarlo bien, terminas preparándolo una vez a la semana. Es de esos pescados que satisface tanto al paladar como a la conciencia de comer sano. Así que anda, sal corriendo a la pescadería.