Hace poco estaba en casa de mi abuela y me preguntaba por qué sus platos siempre tenían ese toque especial que yo no conseguía replicar. Resulta que la respuesta estaba en una salsa cremosa y sutil que ella preparaba sin darle mayor importancia. Luego me enteré de que llevaba almendras molidas, y desde entonces mi cocina cambió completamente.
La verdad es que esta preparación es una de esas joyas que tienes escondida en la cocina tradicional y que merece mucho más protagonismo. No es complicada, es versátil y funciona tanto para un pescado delicado como para carnes de caza. Además, si la preparas con caldo casero, los resultados suben de nivel de manera sorprendente.
Aquí te mostramos cómo sacarle todo el partido a esta salsa con recetas que van desde aves hasta pescados y verduras. Verás que es mucho más fácil de lo que parece.
Un clásico que funciona siempre. Descubre cómo transformar un pollo sencillo en un plato de restaurante con esta cremosa preparación.

Te sorprenderá lo bien que quedan los muslos cuando los coces en esta salsa. Un plato contundente y elegante al mismo tiempo.
Aquí verás cómo el pescado blanco se vuelve aún más delicado cuando lo envuelves en una salsa de almendras suave y envolvente.

Un repaso por la forma más sabrosa de servir unas albóndigas. La salsa las mantiene tiernas y les aporta ese punto de sofisticación.

Si quieres aprovechar la carne de conejo, esta es la receta que buscabas. La salsa respeta la delicadeza del animal.
Una combinación más aventurera que demuestra que el marisco también tiene su lugar en esta salsa. Resulta elegante y diferente.

Porque no todo tiene que ser carne. Los espárragos ganan muchísimo en textura y sabor cuando los acompañas con esta preparación.

Amplía tu perspectiva sobre este fruto seco. Entenderás mejor por qué funciona tan bien como base de salsa y qué otras opciones tienes.

Una vez que domines esta salsa, verás que se convierte en tu aliada en la cocina. Es esos casos donde aprendes una técnica y luego la aplicas una y otra vez sin cansarte.