Hay algo casi mágico en abrir la nevera y encontrar un tarro de tomate frito hecho por ti misma. No es solo que sepa mejor —aunque así es—, sino que sabes exactamente qué lleva dentro. Nada de conservantes raros, nada de azúcares escondidos. Solo tomate, aceite y un poco de paciencia.
La verdad es que una vez que empiezas a hacer el tuyo en casa, es difícil volver a los botes industriales. Además, si tienes tomates de temporada en la huerta o los encuentras a buen precio en el mercado, es la excusa perfecta para aprovisionarte de este básico de la despensa. Te durará meses en la nevera y usarás en decenas de platos.
Aquí te contamos desde la técnica más sencilla para elaborarlo hasta versiones sin azúcar ni conservantes, pasando por recetas en las que este ingrediente es la estrella. También encontrarás ideas para usarlo en platos que van más allá de las tostadas o la pizza.
La guía completa para elaborarlo desde cero, con dos propuestas de platos que funcionan de maravilla con este ingrediente.

Un repaso por la receta más básica y práctica, explicada con todos los detalles que necesitas para que te salga perfecto a la primera.

Aprende cada uno de los pasos de la elaboración, desde la selección del tomate hasta el envasado final para que dure en perfecto estado.

Si quieres una versión aún más limpia y natural, aquí encontrarás cómo hacer una conserva sin esos añadidos innecesarios que suelen llevar los comerciales.

Todo lo que necesitas saber para preparar una conserva que se mantenga en perfectas condiciones durante meses, con técnicas de envasado seguro.
Una variante más cremosa y con más sabor, ideal si prefieres una textura diferente o quieres experimentar con otros ingredientes.

Te sorprenderá lo versátil que es el tomate frito casero en platos de acompañamiento, como en esta receta clásica que nunca falla.

Un guiso tradicional donde el tomate frito es la base perfecta para crear una salsa sabrosa y jugosa que enriquece la carne.

Una vez que tengas tus tarros listos en la despensa, descubrirás que los usas más de lo que imaginabas. En guisos, en bases de pizza, para acompañar carnes o pescados, incluso en desayunos. Es uno de esos ingredientes que convierte cualquier comida en algo casero y especial.